Dicen los mayores que al usar traje de tres piezas el chaleco debe llevar suelto el último botón, para que la leontina dé un arco perfecto.

Y, mejor aún, si alguien le explica a uno qué es la leontina: la cadena colgante del reloj de bolsillo, que hoy se considera tanto o más anacrónica que el terno.

Hay hombres que, sin embargo, se resisten a las bondades de los relojes de pulsera y conservan la tradición de los amigos de bolsillo.

Los coleccionistas son quienes más los utilizan, y aseguran que lo hacen para mantener viva una tradición que tiene cuerda para rato y que resulta bastante costosa. Una pieza de bolsillo se consigue desde cien dólares pero los hay, no es broma, avaluados en quince millones de dólares, por lo general reproducciones en oro de relojes clásicos de pared o torre que fueron populares en el siglo XVIII.

Los relojes de bolsillo con leontina están a la orden del día, porque de la misma manera que hay quien está dispuesto a bajarse de un Lamborgini para acomodarse tras el volante de un Bentley clásico, millones de hombres se niegan a archivar las pequeñas joyas horarias para entregarse a sofisticadas maquinarias de pulso. Esos fanáticos nunca darán el brazo a torcer; apenas la muñeca.












Rolex

Diseñado a finales de la década de los cuarenta. El acero
hace de esta pieza un verdadero tesoro, pues la mayoría de los relojes
de bolsillo que ha producido Rolex son de oro.

Precio: US$3.000
Wegner

Reloj moderno, modelo 2001, con despertador, fecha y cuerda de cuarzo.
Perfecto para exploradores. Se puede abotonar en el cinturón.

Precio: US$200
Lange
& Sohne


Data de los dorados veinte. La fábrica fue destruida en la Segunda Guerra
Mundial y hace poco tiempo fue reconstruida. El reloj trae un cristal y
una cadena de repuesto originales. Precio: US$15.000
Bauer


Producido en los treinta. De forma inusual, estilo art-decó, con un
marco que sirve de base para poner en la mesa de noche. El costo depende
de la oportunidad, porque pocos estarán dispuestos a ponerlos en venta.

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