Empezaba el siglo XX y en un pequeño local de una calle parisina, Louis Cartier revolucionaba la industria relojera con una de las primeras máquinas de pulsera que lograba fusionar elementos de gran elegancia con una maquinaria muy precisa.

Luego, Cartier conoció al aviador Santos Dumont y juntos le dieron vida al Santos, un reloj y una filosofía de vida que desde esa época ha sido el garante de la casa Cartier.

Desde entonces, la historia de la relojería ha estado marcada por el inconfundible sello de estas máquinas que siempre sobresalen por la alta calidad de los elementos que la conforman y por el estatus que da llevar consigo un Cartier.

Simón Templar ni se despeinaba cuando cumplía sus misiones para derrotar al crimen, la aureola que siempre lo acompañaba encima de su cabeza lo convirtió en un santo al que siempre le faltó el reloj ideal para llegar a la canonización.

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