El más lanzado. Este diminuto reloj cohete con cuadros blancos y rojos clasifica sin mayores problemas en cualquier lista kitsch. Está hecho de metal y osadía. Póngalo en su mesa de noche y no se ‘despegue’ de él. US$35
Lindo gatito. Además de sus siete vidas, este gato-reloj ofrece función despertadora y luces para encontrarlo en la oscuridad. Cada vez que suena la alarma, usted disfrutará por largos segundos de la desafortunada y hoy medio olvidada lambada y verá cómo al animalito se le iluminan los ojos. US$15.
¡Ave María! ¿Qué tal un reloj imitación biblia con una imagen de la Virgen en su
interior? ¡Ave María purísima! Made in San Victorino. Este nos lo prestó un artista que lo guarda celosamente en su colección privada.
La piña ‘colada’. ¿Qué mejor para una persona kitsch que un reloj en forma de piña, con flores plásticas de colores y luces en los pétalos, sobre un plato de cerámica azul y frutas en la pantalla? El paraíso tropical convertido en máquina horaria. US$11.
Qué garra... Cuélguelo en la pared, donde su imagen altiva no pasará inadvertida para nadie que busque la hora precisa. Aprecie el marco, el plumaje, las joyas del centro inferior y superior, y descuélguelo antes de que llegue la visita. Invaluable.
Tiene huevo. Dentro de esta cultura se trata de un reloj que conserva la línea clásica. Excepto, claro, por el tablero finamente decorado con mamá gallina y sus polluelos. Detalle: el cuello del ave se mueve al ritmo del segundero. U$15.
Otro gato. Este gato metálico, con reloj digital en los ojos, es un buen comienzo para
incursionar en lo kitsch. Nótese la pureza del diseño, el detalle en la elaboración, la precisión de la línea. Mejor dicho: mucho gato. US$30.
R2D2. Completísimo reloj–robot (despertador, radio, audífonos, demo musical). Lo más llamativo resulta ser la luz azul en la cabeza y el movimiento en la parte inferior cuando suena la alarma. US$48.

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