Nada más cierto que la frase "la calidad no se improvisa", sobre todo cuando es aplicada a marcas que llevan más de 200 años haciendo relojes. Por eso, Marfil Joyería decidió importar el nuevo modelo Richeville de Girard-Perregaux, que seguramente dentro de poco se convertirá en un clásico obligado a tener. ¿Razones? Muchísimas, entre ellas, que se trata de un cronógrafo automático en oro rosado y tablero plateado que combinan sofisticadamente, que tiene una correa de cuero color tabaco cosida a mano y una práctica y elegante hebilla plegable. Y para aquellos perfeccionistas fanáticos de la exactitud, no está de más mencionar que esta maravilla está conformada por un movimiento GP 033CO de calibre 13 y frecuencia de 28.800 vibraciones por hora (el equivalente a 4 HZ). No sabríamos explicar exactamente qué significa lo anterior —aunque suene muy preciso— pero lo que sí podemos asegurar es que sus lujos no terminan ahí: tiene 63 rubíes, cristal de zafiro, reserva de marcha de 46 horas y resiste inmersiones acuáticas de hasta 30 metros por si anda con su novia en un jacuzzi. ¿Alguna otra duda de por qué hay que tenerlo? Las personas dueñas de una pieza Girard-Perregaux tienen la garantía de portar exclusividad, pues todas son piezas manufacturadas. Y este es el caso del Richeville…?

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