Alguna vez el arquitecto Rogelio Salmona dijo, palabra más palabra menos, que la arquitectura es el lugar donde se encuentran la geografía con la historia. Una definición hermosa, sin duda, que él mismo y otros arquitectos colombianos han aplicado en la denominada arquitectura de lugar.
Pero una cosa es la arquitectura y, al menos en Bogotá, otra muy distinta la construcción. A partir de la dictadura del UPAC, ha estado a merced de constructores que les tiene sin cuidado la cuidad, el diseño, la geografía o la historia. Lo único que les interesa es la rentabilidad.
En los últimos 30 años, el consuelo era que la arquitectura de ladrillo, más allá de la calidad particular de cada diseño, les daba a amplios sectores de Bogotá un sello característico y, de paso, conectaba la arquitectura de los años 40 de barrios como La Magdalena, La Merced, Quinta Camacho y El Nogal con los clásicos de la arquitectura moderna colombiana de los 60 y 70.
Pero ahora, Bogotá padece la clonación descarada de un mismo proyecto que se repite una y otra vez, con ligerísimas variaciones en ciertos detalles de fachada y adaptaciones mínimas al área de cada lote. Un diseño de pacotilla que pasaría inadvertido si uno lo topara alguna vez por ahí pero que es toda una pesadilla porque crece, se reproduce y hace metástasis con más tenacidad que un cáncer de páncreas.
Las fotos que acompañan esta columna no son el resultado de una investigación rigurosa ni de un extenuante recorrido por las distintas localidades de Bogotá. Se tomaron durante una caminata casi lineal entre las calles 126 y 102. Recorridos similares como, por ejemplo, uno en zigzag entre la carrera 11 con calle 95 y la 98 con 8ª permitiría, un resultado similar. ¿Cuál es la explicación? Como el proyecto tuvo mucho éxito, la constructora que lo desarrolló decidió replicarlo y ahora muchas otras más lo copian. Van a la fija. "Para eso son los computadores, qué caray".
¿Y la ciudad, la historia, la geografía? ¿Para qué arquitectos si basta un dibujante que fusila y maneja un programa de computador que se encarga de que los baños quepan? En la pasada Bienal de Arquitectura, los estudiantes del país organizaron una muestra paralela y presentaron excelentes propuestas con un denominador común: darle vitalidad a la ciudad, crear edificaciones que unieran los proyectos de renovación urbana con los barrios circundantes, recuperar zonas deterioradas... ¿Y todo este esfuerzo para qué? ¿Para que cuando obtengan su cartón terminen subordinados a constructores que solo piensan en el billete y que cuentan con el apoyo casi irrestricto de los curadores urbanos?
Todavía queda un puñado de entidades serias que sí creen en la importancia de la arquitectura y de tarde en tarde aparecen edificios valiosos, como los de Daniel Bermúdez en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, el Archivo Distrital, las bibliotecas públicas...
Si el negocio no da para diseñar sino solo para copiar, ¿por qué no clonan entonces algo que de verdad valga la pena? Si van a fusilar, fusilen algo de Enrique Triana, de Guillermo Bermúdez, de Fernando Martínez, de Obregón y Valenzuela, de Arturo Robledo. Pero no sometan a esta desventurada ciudad a semejante aberración.

1. Parque La Calleja costado occidental (carrera 30 calle 126, una cuadra abajo de la Av. 19, tres al norte de la Av. 127).
2. En el mismo parque (1), costado norte.
3. Mismo parque (1) enfrente a edificio (2)
4. Junto al río Molinos (diagonal 110, dos cuadras arriba de la avenida 19).
5. Costado norte del parque de la calle 104, una cuadra arriba de la av. 19
6. COSTADO OCCIDENTAL, parque DE LA CALLE 102, una cuadra arriba de la av. 19
7. Costado occidental, mismo parque (6)
8. Costado oriental, mismo parque (6) (7)

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