¿Ustedes todavía se acuerdan? Sábado 1o de julio de 2006. Zinedine Zidane recibe un balón incómodo, Ronaldo intenta quitársela, Zidane le hace un sombrero digno de Pelé. Pocos segundos después algún brasileño comete una falta junto a la línea lateral, cobra Zidane, aparece Henry, gol de Francia, adiós Brasil de la Copa del Mundo. El mejor equipo del mundo, el de los dueños del llamado 'jogo bonito', acababa de recibir una clase magistral de cómo se juega al fútbol, cómo se arma un equipo, cómo se generan llegadas claras de gol, cómo se pone el talento y la técnica de un jugador al servicio del equipo. Ese día Zidane les dijo a Brasil y al mundo que los mundiales no se ganan en los comerciales de Nike y Adidas (de los que Zidane ha sido protagonista de primer orden), sino en los partidos decisivos.

No sé si se acuerden de otra, unos días antes, el martes 27 de junio, en otra ciudad de Alemania. España, uno de los grandes favoritos para ganar el Mundial, en teoría jugaba un juego de trámite ante Francia. Se suponía que ese día se iba de las canchas, y para siempre, Zinedine Zidane. Los españoles decían: "Ojalá lo jubilemos nosotros". El propio Raúl lo dijo y tuvo que tragarse esas palabras, aunque cuando lo dijo se le notaba que estaba muerto del susto. España era el superequipo, Francia un desastre, pero el comandante de aquel desastre era Zinedine Zidane, y Raúl, que en ese momento era compañero de Zidane en el Real Madrid, sabía que un Zidane inspirado era capaz de cualquier cosa.

Bueno, aquel partido terminó con un claro triunfo de Francia, que le dio vuelta al marcador. Y la rúbrica, ya en tiempo de descuento, fue un contragolpe que inició y culminó Zidane luego de una precisa pared que lo dejó al borde del área. ¿Se acuerdan? Un enganche preciso, el pobre Puyol desparramado en el suelo, con una vértebra el Lérida y otra en Tarragona, el remate esquinado de Zidane, suave, certero. Los que se iban a casa (y varios de ellos, como Raúl, jubilados de la Copa del Mundo porque no volverán a jugarla) eran los superfavoritos españoles.

A Zidane y a los franceses les quedó gustando aquello de jubilar a Raúl y decidieron jubilar también a Ronaldo, a Cafú, a Roberto Carlos. Y en semifinales, a Figo. Como quien dice, Zidane jubiló al 75 por ciento de los protagonistas de los comerciales de Nike y Adidas.

Eso de escoger personajes del año no siempre es fácil. Y en 2006 uno podría parodiar la célebre portada de fin de año de Time de 1982: Machine of the year. Esa vez era el IBM-PC que comenzaba a revolucionar el mundo de los yuppies. En 2006, la máquina del año, sin duda, ha sido el computador de Jorge 40 que ha puesto en evidencia todo el asco y el horror que rodean la elección y la reelección de Álvaro Uribe Vélez a la Presidencia de la República.

Pero a pesar de esos temas tan graves, tan importantes, la imagen de Zinedine Zidane sobresale en este año de batallas entre Hezbollah e Israel, de gordos García en La Picota, de falsos positivos, de pataletas presidenciales. Porque lo que hizo Zidane en Alemania 2006 va mucho más allá del fútbol. Tal vez si Francia gana el Mundial con un gol de cabeza de Zidane (¿se acuerdan de la tapadota de Bufón cuando faltaban pocos minutos para que terminara el alargue de aquella tediosa final

) el tema de esta columna sería otro. Porque lo que hizo de veras notable la epopeya de Zidane en Alemania 2006 fue el golpe que le dio a Materazzi con la cabeza. Zidane expulsado de la final del Mundial que él había hecho suyo. La película de Hollywood barata con final feliz terminaba en el mejor estilo de un drama de Shakespeare. El héroe que de pronto era repudiado por los fariseos de siempre, los que pedían quitarle el título de figura del Mundial porque era un mal ejemplo para los niños. Como si Joseph Blatter y su rosca de la Fifa y esos periodistas deportivos que vociferan sus verdades absolutas fueran un buen ejemplo para los niños.

Yo nunca he sido hincha de Francia. Jamás le presté demasiada atención a Zidane. Pero lo que hizo en los últimos cuatro partidos que jugó en la Copa del Mundo, aquellos partidos ante Francia, Brasil, Portugal e Italia, lo ponen a la altura de los cuatro grandes. De Pelé, Maradona, Cruyff y Di Stefano.

Gracias, Zidane. Lo mejor para recordar de este asqueroso 2006 de la reelección, de Jamundí, de los falsos positivos, del computador de Jorge 40.

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