Vuelve la fiebre de Harry Potter y, en este septiembre, vale la pena recordar un breve episodio que aparece en la primera película y libro de esta serie: un Troll de la Montaña deambula por las instalaciones del colegio de magia de Hogwarts.

El Troll de la Montaña, para los que no están muy al tanto de esta saga, es un bicho enorme, gris y baboso, muy peligroso, armado con un inmenso garrote y gobernado por un cerebro del tamaño de un fríjol que centra todas sus energías en una sola obsesión: golpear.

Un año después del 11 de septiembre de 2001, la imagen de este bicho fantástico muy probablemente los medios podrían recrearla en la figura de Osama Bin Laden, de los terroristas de Al Qaeda, incluso de los partidarios de Batasuna, tan de moda en nuestros días, y las de los pequeños héroes que derrotan al horrible monstruo con valor, astucia e inteligencia en eso que llaman ?la democracia?.

Desafortunadamente el que un año después del ataque a las torres gemelas anda dedicado a dar garrote sin ton ni son como un estúpido Troll de la Montaña es el ciudadano presidente de Estados Unidos, George W. Bush.

Boca torcida, sombrero tejano, mirada de ?el malo?, de ?el duro?? qué mala copia de John Wayne, este presidente Bush. Muy mala copia del de por sí un mal actor que se las arregló para darle a Hollywood, al menos durante muchos años, la fama de exportar y validar estereotipos tales como racismo, fascismo, machismo y violencia gratuita.

Garrote físico, por supuesto. Si mi papi armó una guerra en el Golfo Pérsico pues yo también quiero la mía. Pero también garrote del otro. Sabotaje sistemático a los acuerdos sobre temas ambientales que el mundo requiere con urgencia tales como cambio climático y regulación de organismos transgénicos. Bloqueo a ultranza y con chantaje a los intentos de constituir mecanismos internacionales de justicia. Y también garrote propio de vaquero de pacotilla, de parodia de spaghetti western: para evitar los incendios forestales es necesario talar los bosques de California y Oregon.

Al cierre de esta edición no se sabe a ciencia cierta qué nos tiene preparado este Troll de la Montaña para conmemorar el primer aniversario de los ataques a las torres gemelas y al Pentágono.

En Harry Potter se resuelve con relativa rapidez el asunto del Troll de la Montaña. En cambio, a nosotros los muggles que habitamos en esta aldea global nos toca un Troll de la Montaña plagado de aliados. Australia, Canadá, a ratos Argentina en los temas de medio ambiente. Y cuando se trata de dar garrote con portaaviones y cazabombarderos, Gran Bretaña.

Curioso caso el de Gran Bretaña. Una nación obsesionada desde tiempos inmemoriales por ?el servicio? ?mayordomos, choferes, amas de llaves, jardineros, fregonas, deshollinadores? y que a partir de la Segunda Guerra Mundial, cuando medio planeta dejó de estar a su servicio, se siente encantada con su papel de fiel y leal mayordomo de Estados Unidos. Con la Thatcher, con Blair, tories, laboristas, da lo mismo.

Es una lástima que un país como Estados Unidos (gerografía maravillosa, historia apasionante, refugio de perseguidos políticos y religiosos, esperanza real de nueva vida para pobres y hambrientos, el país de Nueva York, del béisbol, del jazz, de los derechos civiles, tanta ciencia, arte, pensamiento ?) encarne en nuestros días un papel tan pobre y deplorable.

Según insinúan expertos en geopolítica y economía, el dominio de Estados Unidos sobre el mundo comienza a flaquear y, tarde o temprano (en algún momento del siglo XXI), una nueva potencia reemplazará a Estados Unidos. Sin embargo, no hay nada que celebrar. Es un panorama aterrador. Porque todo indica que el siguiente Troll de la Montaña será China. Pero no la del filósofo Lao Tse (vana ilusión) sino la China de Mao y sus sucesores.

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