Me llamó poderosamente la atención que, tras la eliminación de Argentina y Brasil, la gran mayoría de la gente comenzó a decir que Alemania 2006 era un Mundial pésimo, que era el peor desde Italia 90, que era un Mundial sin figuras y cosas por el estilo. De pronto me sentí rodeado por una bandada de cotorras que a partir de 1970 y cada cuatro años repiten lo mismo, sin argumentos, y que solo se agarran de un dato -el promedio de goles por partido- para demostrar que están en lo cierto.

Al terminar Corea-Japón 2002 era más que lógico formar parte de ese coro. Semejante pesadilla de Mundial fue un verdadero horror. Pero esta vez vi que ya era hora de cambiar de discurso, de dejar a Sindelar en los 30, a Didí en los 50, a Maradona en los 80 y valorar de una vez por todas el fútbol de hoy que, cuando es bien jugado, resulta mil veces más interesante que aquellos partidos de antaño con jugadores que solo se movían en cinco metros cuadrados, delanteros que perdían el balón y se quedaban parados, defensores estáticos que le daban todo el tiempo del mundo a sus rivales para pensar y patear.

Para comenzar, el tema de que ya no se ven tantos goles como antes. Como decía Mafalda: "Si vivir es durar, prefiero una canción de los Beatles a un LP de los Boston Pops". En la misma línea de argumentación: el gol que le hizo Maxi Rodríguez a México vale por veinte o treinta de los que se hicieron en México 70.

Un buen ejemplo de lo anterior es el partido de cuartos de final que jugaron Brasil y Perú en México 70 y que ganaron los brasileños 4 a 2. Revisa uno los goles y descubre que, salvo el segundo de Perú, el de Cubillas, todos los demás son errores garrafales de los arqueros o de las defensas que no marcan, se quedan paradas, miran pasar la pelota. Lo mismo ocurre con buena parte de los goles del mítico Italia 4 - Alemania 3 de aquel mismo Mundial, considerado como "el mejor partido del siglo XX" y que en realidad no es más que una sucesión de errores infantiles. Miren no más el gol de Rahn que le dio el título a Alemania ante Hungría en 1954. Es un tirito de tres pesos que se le cuela a un arquero que decide estirarse como tres segundos después.

Claro, no se puede generalizar. El gol de Jairzinho a Inglaterra en México 70 es una joya insuperable a pesar del paso de los años. Ya quisiera un Materazzi o un Cannavaro poder imitar el codazo que Tostao le clava a Bobby Moore en las narices del árbitro antes de habilitar a Pelé y este a Jairzinho.

Querer el regreso del fútbol de hace treinta, cuarenta, cincuenta años es como querer volver al DC3, al Ford Modelo T, a las carretas de la Conquista del Oeste. Ese fútbol de antes, obvio, tiene su encanto. Como lo tienen el DC3, los Ford Modelo T y las carretas de la Conquista del Oeste. Ver tres o cuatro minutos de documentales del fútbol de antes es muy divertido. En particular cuando las cámaras enfocan a los aficionados que abarrotan las tribunas y se muestran sorprendidos por alguna jugada. Pero si uno se olvida del blanco y negro, de los balones de cuero y de los árbitros con chaleco, chaqueta y corbata, lo que ve es poco más que un partido de potrero de nuestros días. Obvio, en nuestros días se ven partidos mediocres, aburridos, todo lo que quieran. De esos hubo algunos en Alemania 2006. Pero si algo dejó el pasado Mundial fue un buen número de partidos vibrantes, inteligentes, dignos de una Copa del Mundo del siglo XXI.

Detrás de las quejas de quienes se rasgan las vestiduras suele esconderse un insoportable chauvinismo latino. Si el gol de Grosso a Alemania lo hubieran marcado Kaká o Tévez ... por Dios... el gol del siglo. "El genio frotó la lámpara". "Los genios se divierten". Si el de Del Piero lo hubiera marcado Brasil o Argentina no habría sido el resultado de un sucio "contragolpe catenachesco" sino de una elaboradísima jugada colectiva con todo el sabor y la magia de la malicia suramericana.

Y a mí no me vengan con cuentos de que en este Mundial no hubo figuras. Los sombreros, pisadas, tacos, pases gol y goles que hizo Zinedine Zidane ante España, Brasil, Portugal y la misma Italia no se veían en una Copa del Mundo al menos desde los tiempos de Maradona. Del mismísimo Pelé.

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