De acuerdo con el calendario chino, el próximo 18 de febrero comienza el Año del Cerdo. A cada año chino le corresponde un animal que equivale a cada uno de los signos del zodíaco y estos se rotan una y otra vez cada doce años. Así, han sido años del cerdo 1959, 1971, 1983, 1995 y lo serán 2019 (el año mágico de la agenda de Uribe, vaya coincidencia), 2031 y así...

Claro está que si uno lo mira con algo de calma, para los que vivimos en Colombia casi cualquier año ha sido el Año del Cerdo. Un ejemplo al azar: el 1985 del Palacio de Justicia fue un año re-cerdo. En Colombia no se va a notar demasiado la llegada del Año del Cerdo porque vivimos desde ni idea cuándo en la Era del Cerdo. Se trata de un período de tiempo indeterminado: establecer el día o el año de su posible origen sería motivo de acalorados debates.

La Era del Cerdo pudo haber comenzado el 7 de agosto de 2002, aunque en realidad esta es una fecha demasiado cercana. Gran parte de las cerdadas que pretende minimizar el proceso de paz uribista se cometieron antes de esa fecha. Para comenzar, la propia elección de Uribe en primera vuelta, que a su vez fue el resultado de anteriores cerdadas electorales que se llevaron a cabo en la costa norte de Colombia.

Entonces... ¿El 7 de agosto de 1998? Como diría Serpa: "Me suena, me suena y bastante". Porque, si de buscar gobiernos cerdos, ese de Andresito Pastrana merecería la Orden al Gran Cerdo en el grado Comendador: corrupción desaforada, frivolidad, incompetencia, dragacoles, chambacús, banpacíficos, caguanes, pescas milagrosas, masacres...

Pero ojo. Ya que hablábamos de Serpa, el 7 de agosto de 1994 también es gran candidato. No más el proceso oinc-chomil. Pero, qué va... mira uno hacia atrás y casi cualquier 7 de agosto hace méritos para ser el día cero de la Era del Cerdo. El 'habrá futuro' de Gaviria, el 'para que el cambio siga su marcha' de Barco, el sí se puede' de Belisario... Ni hablar del turbayato, el del Estatuto de Seguridad, el gobierno de 'los más honestos y los más capaces', pocilga moral desde cualquier punto de vista que se le mire. Apenas comparable a la Regeneración de Núñez, la que sumió a Colombia en el oscurantismo confesional más abyecto. El que añoran López Trujillo, monseñor Rubiano, el propio Uribe y su escribiente José Obdulio, quien, dicho sea de paso, ya comparó a Uribe con Núñez: una de las pocas cosas sensatas que ha dicho.

En realidad resulta más sencillo buscar pequeños períodos de tiempo en los que Colombia se ha salido, de manera temporal, de la Era del Cerdo: el gobierno de Murillo Toro y alguno que otro bienio de los radicales, el primer gobierno de López Pumarejo, el... ¿de pronto Andrés Díaz Venero de Leyva? ¿El virrey Solís? Los historiadores expertos en la Colonia tienen la palabra.

Y no me salgan ahora con que Bolívar esto y lo otro. A ese napoleonzuelo tropical le debemos que Colombia haya dejado de ser colonia de España para convertirse en colonia de sí misma. No en balde se apropian de su nombre, vida y obra cerdos de dimensiones catedralicias como las Farc (Jojoy, Negro Acacio, Romaña) y Chávez.

La cosa tampoco se resuelve con el manido 12 de octubre de 1492, un habitual año cero para hablar de las desgracias de América. La pipa de la paz, la canción de los Aterciopelados que dice "ay, qué bonito que era todo aquí/ nos bañábamos en oro/ y sembrábamos maíz/ Verdadero paraíso/ muchas lunas fue así" parece más inspirada en el deber ser de los kogis de hoy que en los muiscas y los panches de antaño, para no hablar de las cochinadas que eran moneda corriente en tiempos de los incas y los aztecas. Eso sí, el hecho de que el nombre Colombia sea un homenaje al cerdo genocida de Cristóbal Colón puede ser la causa de que llevemos tantas décadas sumidos en la cochambrera de la violencia, la intolerancia y la corrupción.

De todas maneras preparémonos para la llegada del Año del Cerdo. El original. El año que, al parecer, Uribe piensa inaugurar nada menos que con una ley de perdón y olvido y punto final. Para que los cerdos guerrilleros, traquetos, paracos y sus aliados políticos y finqueros se queden con todo lo que les han robado a campesinos, indígenas y negros, y que los desplazados se acostumbren a vivir en tugurios y semáforos.

Pobre país, Colombia, cuyo nombre le rinde homenaje a un cerdo y casi siempre ha estado en manos de cerdos. ?

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