En los últimos tiempos se han vuelto muy comunes los ataques despiadados contra la década de los 80. Merecidos casi siempre, es cierto. Pero, ¿por qué les caen con todo a los 80 y solo a los 80? Tal vez porque los nuevos columnistas y humoristas fueron niños o vivieron su temprana juventud en aquella década. Y (lo que habla muy bien de ellos) en vez de endiosar su época como suelen hacerlo los insoportables mamones de los 60 con sus ínfulas de superioridad (que los Beatles, que Vietnam, que la Luna, que la píldora), los ochenteros se burlan de sí mismos. No más en la SoHo del mes anterior Mauricio Quintero despedaza su década y Gonzalo Valderrama le cae con todo el swing a Gustavo Cerati, un emblema sublime del 'rock en tu idioma' que ha logrado hibernar y que lo sigan tildando de genio gracias a su gran habilidad para reciclar todo lo que está a su alcance y de reciclarse a sí mismo con la gatopardezca táctica que inmortalizó el príncipe de Salina, protagonista del libro de Lampedusa y de la versión cinematográfica de Luchino Visconti: "Es preciso que todo cambie para que todo siga igual". Y eso que Gonzalo Valderrama no mencionó la letra de Signos: "Mar de fondo/ No caeré en la trampa/ llámame pronto/ acertijos bajo el agua". Un paréntesis: ¿Qué querría decir Cerati con aquello de 'mar de fondo'? A juzgar por el programa que pasan en T y C Sports debe ser el peor de los círculos del Infierno de Dante, la fosa de las Marianas, donde jamás entra la luz del sol.
De nuevo en el tema. Los 80 fueron muy perversos, pero no fueron especialmente perversos. Si acaso fueron igual de perversos a los 50, 60, 70 y 90, a lo que va corrido de esta primera década del tercer milenio. Ahora que están de moda las bibliotecas públicas vale la pena pasarse una mañana por la Luis Ángel y revisar al azar tomos de revistas Cromos de los años 60. No crean que se van a encontrar con los Beatles, la Luna, la píldora o Vietnam. No. Aquello es el líchigo Club del Clan a palo seco. Sin anestesia. Las mujeres de esa época, además de peinarse rarísimo y arruinarse el pelo a punta de Kleerlac, les encantaba ponerse unas mininifaldas en tela escocesa sintética y se ponían bufanda y boina compañeras. Otro aditamento de época eran unas botas como de cuero o imitación cuero que subían un poco más arriba de la rodilla y que se usaban con pantaloncitos calientes del mismo color y material. Un par de ejemplos, no más, tomados al azar.
Se burla Quintero de Inextra (que convierte su platón en una lavadora) porque tal vez él no había nacido cuando Ajax (no el de Amsterdam sino el limpiador de pisos) la sacaba volando de la cocina. "La vida es risueña tomando costeña". "Ese hombre me subyuga. Usa fijador Lechuga". ¿Telectrónico? Una maravilla tecnológica al lado del Supergolazo Fruco Knorr, un concurso de televisión en el que los participantes le pegaban con una especie de paleta como de Pinball a una bola de tenis que entraba en diversos agujeros donde decía "corner" o "saque de banda" y por supuesto, "gol". Los sesenta del Tío Alejandro, de Gran Sábado Gran, del Abuelo Bailarín... allí hay muchísima tela para cortar: acrílico, terlenka, nada de algodón o fibras naturales.
Y ni hablar de los 70. Revisen no más, viejos videos del mundial de Alemania y se encontrarán con las hipermegapatillas de Deyna, Neeskens, Haan, del mismísimo Beckenbauer (quien lo ve hoy tan elegante, tan gentleman). Y si de publicidad se trata, en aquel entonces vendían shampoo Alert en una fiesta de disfraces en la que dos víboras se deleitan con el mal ajeno: "¿Batman con caspa? ¡Es Julio!". Rememoren por favor la moda de esa época: bota campana, jeans de cuatro colores, suéteres con cuello de bandeja...
Y no vengan ahora con el cuento de los 90 y el nuevo Milenio. Esta época pasará a la historia universal de la infamia -entre muchas otras cosas- gracias a esas bermudas jediondas ocho tallas más grandes, al busito Ricky Martin, a esos gorditos de barba sin bigote que van al Estadio El Campín con la camiseta de Colombia dizque a apoyar la Selección, a las cientos de miles de Elodias que se juran divinas porque se pintorrean el pelo con un acrílico azul o rojo o verde y se ponen descaderados hasta en el Círculo Polar Ártico... Y para evitarle al abnegado editor de SoHo cien mil e-mails de insultos mejor ni mencionar al rock mexicano ni al ska porteño, ni hablar del patrioterismo barato que se ha tomado por asalto estas tierras.

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