Si en esta Navidad usted quiere hacer regalos buenos, bacanos y baratos, regale música colombiana. Puede escoger entre las decenas de álbumes que se han lanzado o relanzado en este muy prolífico 2007. Ediciones cuidadosas, casi todas en empaques de cartón con gráficas exquisitas. Música que jamás suena en la radio comercial y que no se consigue en los almacenes de grandes superficies, pero que forma parte habitual de la programación de las emisoras culturales y universitarias y que se vende en almacenes especializados, a la salida de los conciertos, en los festivales de música folclórica.

Música que habla de un país que cada día combina mejor la tradición con lo contemporáneo.

Esta mirada parcial y necesariamente arbitraria comienza con Bomba Estéreo. Parece tan sencillo lo de Bomba Estéreo... Liliana Saumet, una cantante con características de cantaora; Simón Mejía, un bajista y programador de computador, más un percusionista invitado y el portátil donde se almacenan las bases musicales deconstruyen y rearman los ritmos tradicionales del Caribe y le agregan la fuerza del rock, el funk, el hip hop. Y lo mejor, en su álbum Volumen 1 lograron plasmar esa fuerza que muestran en sus presentaciones en vivo.

Una buena idea para intentar abarcar el espectro de la música tradicional y contemporánea de las dos costas es Neotropical, un compilado de MTM que reúne material de grupos de varias casas disqueras en el que participan Sidestepper, Liliana Montes, Banda La República, Mandrágora, TumbaCatre, Alé Kumá, Grupo Bahía, Pablo Mayor-Folklore Urbano, Totó la Momposina, La Cumbiamba eNe Yé, Jaranatambó, Héctor Buitrago, Mojarra Eléctrica y Chocquibtown.

Y a propósito de MTM, esta casa disquera reeditó Calle 19, el álbum debut de la Mojarra Eléctrica, el grupo que lidera Jacobo Vélez y que muestra lo mucho que se ha acercado el Chocó a Bogotá, y lanzó en Colombia Un fuego de sangre pura, de los Gaiteros de San Jacinto, el álbum que recientemente ganó un premio Grammy Latino.

También está Colombian Chill, el proyecto de Fabián Quiroga, se aventura en el difícil territorio de las fusiones de folclor con música electrónica.

En un año con mucho movimiento por los lados de la música andina (el impresionante álbum debut de Ensamble Tríptico, más los trabajos del Barbero de Socorro, de Carolina Muñoz, del Ensamble Palo Cruzao), el grupo Septófono, de Bucaramanga, sorprendió con su álbum Encarrilados, en el cual profundizan en la búsqueda de nuevos horizontes para la música del interior del país.

El Trío Nueva Colombia, que dirige el pianista Germán Darío Pérez, quien además es uno de los principales compositores contemporáneos de música andina, lanzó el álbum doble El arte de la memoria, una notable combinación de aires colombianos (casi todos escritos por Pérez), con sutiles toques de jazz en las armonías.

Por su parte, la Orquesta Filarmónica de Bogotá lanzó 40 años, un álbum de cuatro CD que recogen grabaciones orquestales de música colombiana.

Y por los lados del rock, el Kill the cuentero, de Odio a Botero, es una pequeña joya de lucidez, humor y crítica inteligente, en la que se nota la mano de Iván Benavides en la producción.

Tantas cosas que se quedan por fuera de esta rápida mirada... Meridian Brothers, Velandia y La Tigra, Tumba Catre, los grupos de salsa de Bogotá... Un año reconfortante este 2007, en el cual se hizo más que evidente que, por fortuna, Colombia es muchísimo más que Juanes y tropipop.

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