En la edición de noviembre de la revista Avianca, en la sección Fast Company, le dedicaron un especial a lo que ellos denominan ciudades rápidas, es decir, aquellas que se destacan por alguna innovación determinada (centro cultural, de innovación tecnológica, ejemplo de buen urbanismo) que las hace diferentes. Una de ellas es Chicago. Y la elogian por una política del gobierno de la ciudad que consiste básicamente en tapizar de verde los techos y las terrazas. En estos tiempos en los que se habla tanto de cambio climático, en los que la gente se aterra de las granizadas como las que azotaron a Bogotá en noviembre pasado, vale la pena mirar con más detalle estas propuestas, que no son de jardinería o decoración sino un intento por reestablecer el equilibrio en las grandes ciudades, que ocupan grandes extensiones de terreno en las que los rayos solares golpean superficies duras como calles, aceras y los techos, terrazas y cubiertas de los edificios.

En las extensas áreas que cubre una ciudad como Bogotá o Medellín, el cemento, el pavimento, el cinc y el ladrillo han ido reemplazando la cobertura vegetal. Esto hace que, con el paso del tiempo, aumente la temperatura promedio y se pierda el colchón natural que regula el impacto de la lluvia cuando golpea la superficie.

Chicago, una ciudad que padece temperaturas extremas tanto en el invierno como en el verano, ha adoptado esta política porque se ha comprobado que la temperatura dentro de un edificio protegido por una cubierta vegetal puede ser hasta diez grados centígrados menor. Esto significa ahorro de la energía que demandan los equipos de aire acondicionado. Otras ventajas de las terrazas verdes: absorben gran cantidad de agua cuando llueve de manera torrencial, lo que disminuye de manera significativa el volumen de agua que baja por las canales de los tejados.  Ayudan a aislar el ruido, se convierten en parches verdes donde pueden realizarse actividades recreativas y donde prosperan plantas y animales. En el caso de países tropicales como Colombia, estas terrazas verdes les ofrecen grandes alternativas de descanso a las aves migratorias.

Pero Chicago no es la única ciudad del mundo que ha revestido las terrazas y azoteas de sus edificios de jardines. En el mundo entero varios edificios están cubiertos por estas terrazas verdes: el aeropuerto de Schiphol de Ámsterdam, la Biblioteca Pública de Vancouver, el Palais Omni sports en París... En Alemania se adoptó esta estrategia hace medio siglo y ya cuentan con más de trece millones de metros cuadrados de terrazas verdes. Desde 2001, todo edificio de más de mil metros cuadrados que se construya en Tokio por ley debe cubrir de vegetación por lo menos el 20 por ciento de sus terrazas y cubiertas. Políticas similares se promueven en Austria, Gran Bretaña, Hungría, Holanda, Suecia, Suiza...

Y mientras tanto, en Bogotá, el ex alcalde Enrique Peñalosa Londoño se dedicó a pavimentar y encementar parques y humedales. Peor aún, a convencer a los bogotanos de que los árboles son el enemigo público número uno porque de pronto se caen. Programó la tala masiva de cientos de miles de árboles, empresa que sus sucesores Antanas Mockus y Luis Eduardo Garzón han mantenido vigente.

Talas, y también podas hechas a las patadas, porque en la Bogotá que Queremos y en la Bogotá sin Indiferencia son más importantes los cables y los postes de cemento que los árboles. Ahora cualquier vecino al que le aburre que las hojas de un árbol caigan sobre el andén de su casa puede talarlo sin problema. Es más, es un héroe cívico porque con su valerosa intervención impidió que ese árbol de pronto se cayera y asesinara a un hipotético transeúnte.

El gran lunar de Medellín es el mismo: espacios públicos muy bien diseñados, pero con muy poco espacio para lo verde.

Hace pocas semanas, los urbanistas españoles Vicente Guallart y Willy Muller, Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña (IAAC), que asesoran a la Empresa de Renovación Urbana de Bogotá, manifestaron que un valor determinante para que una ciudad sea competitiva es precisamente la vegetación, y que si algo salvaba a las ciudades tropicales del caos urbanístico era la exuberancia de la naturaleza, que en muchas ocasiones ayudaba a disimular la pésima arquitectura que es inevitable en cualquier gran ciudad del mundo.

¿Será que a ellos les hacen caso cuando presenten su propuesta de renovación urbana para Bogotá, o la tala de árboles seguirá tal cual con Samuel Moreno Rojas?

Qué triste... "El mundo civilizado" del que tanto dice inspirarse Peñalosa cuando habla de sus sueños llena de verde sus ciudades. Mientras tanto acá le seguimos rindiendo culto al cemento dizque a nombre de la civilización y el progreso.

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