El Tokay es como una transfusión de sangre azul. Basta con un par de copas y el tipo menos agraciado estará a la altura de la más encopetada realeza. Además de actuar como cualquier trago lo hace, es decir, como un embellecedor, usted puede echar una carreta muy apropiada cuando de coronaciones se trata. Todo un cuento de elegancia, sofisticación y magnificencia.
La cosa comenzó así. Durante la segunda mitad del siglo XVI, en la región de Tokay, un reino lejano situado en las fronteras con Eslovaquia y Ucrania, las guerras con los turcos atrasaron la vendimia y los viñedos empezaron a ser atacados por "la podredumbre noble" o botrytis, un hongo que penetra la uva, la seca y la hace más dulce. Pese a la aparición de los hongos elaboraron el vino y obtuvieron uno que por su notable sabor se convertiría en el vino dulce más importante de Hungría, el vino de los reyes y el primero elaborado con uvas atacadas por hongos (dos siglos antes que el Sauternes de Burdeos).
Infortunadamente, el Tokay estuvo oculto al interior de Hungría durante varios siglos y solo los zares pudieron disfrutar de su intenso sabor y de su considerable graduación alcohólica de entre11° y 15°.
Luego de la caída del Imperio Austrohúngaro en 1918 y con la llegada del comunismo era difícil conseguirlo. Los viñedos habían sido nacionalizados y la calidad se había deteriorado. Pero cayó el comunismo y en 1995 se creó la Unión de Grandes Crus de Tokay, conocida como Tokay Renaissance, con el propósito de elaborar y rescatar el vino de los reyes. Para fortuna de nuestros ávidos hígados y exquisitos paladares, lo consiguieron y un nuevo Tokay, elaborado mediante procesos más modernos, puede conseguirse en todo el mundo sin que sea necesario presentar títulos nobiliarios. Lo único es que hay que saber reconocerlo. Los hay con mayores o menores niveles de mezcla de vino seco y de aquel extraído de la uva desecada por la "podredumbre noble". Los venden de tres a seis puttonyos (cantidad de uva podrida por cantidad de vino), siendo más finos los de niveles superiores del hongo.
No hay que temerle a lo pútrido que pueda sonar el asunto. Los más importantes chefs recomiendan acompañar el foie gras con una copa de este vino dulce, también perfecto con comidas agridulces y quesos maduros como el roquefort y el cabrales. Voltaire lo elogió en plena Ilustración: "¡Oh, líquido ámbar con tonos brillantes que tejes los hilos dorados de la mente!". Seguro, con este cuento real y un par de copas, coronaráis y seráis coronado.

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