El carácter afrodisíaco del anís proviene de la tradición hindú, donde lo mezclaban con miel para alargar el lingam (la erección) antes del coito. El médico y naturalista griego Dioscórides afirmaba que a la mujer le acrecienta la leche y le aviva nada menos que la lujuria. Posteriormente, las invasiones y las cruzadas lo introdujeron al resto de Europa. De Italia se exportó la creencia de que, al mezclarse con el sudor natural, se transformaba en una sutil y eficaz feromona humana. Una de las más reputadas cortesanas del siglo XVI italiano, Verónica Franco, se empapaba los senos y axilas con semejante esencia.
Hoy, siglos después, las semillas de anís se agregan a alcoholes de melaza, infusiones de hierbas, destilados vegetales y fermentos de caña en todo el mundo. Por eso, déjele al whisky las reuniones de negocios, consagre las noches de taberna con cerveza, reserve el vino para las comidas y pase sus noches de pasión al resguardo de los tragos anisados.
Mistrà
Licor de anís fuerte que produce la tradicional casa Pallini, fundada en 1875, en Italia. Está compuesto por la esencia de siete tipos de anises que, luego de una triple destilación, se convierten en un trago seco y aromático. Se puede tomar con café o con agua y hielo. Si quiere que el mistrà conserve su sabor y sus propiedades, guárdelo en sitios donde no le dé el sol ni la luz intensa.

Pastís
Después del himno nacional galo, nada tan marsellés como el pastís. La alquimia de este licor es el resultado de la mezcla de alcohol puro concentrado de 93% de anís estrellado de China y regaliz del Mediterráneo. La costumbre es mezclar una medida de pastís con cinco de agua. No es aconsejable agregarle hielo y por nada del mundo debe conservarse refrigerado.

Aguardiente
El origen del aguardiente de caña tuvo lugar en Brasil y terminó fundiéndose en su historia desde el descubrimiento del Nuevo Mundo. Branquinha, cachaça, caninha, purinha, zuninga y otros son los nombres que recibe en Brasil el aguardiente de caña. En otros países latinoamericanos el aguardiente ha calado igual en la cultura y la tradición. En Colombia, el aguardiente tiene en el anís su sello distintivo.

Sambuca
Este licor, producto de la infusión de semillas de anís verde y flores de sauco, se hizo popular en la Italia de los años 50. Nació en las trattorias o pequeños restaurantes, donde era servido como un pousse café. La costumbre es servirlo con tres (y solo tres) granos de café tostado flotando en su superficie.

Xtabentún
Este licor está basado en la receta de un elíixir ceremonial que producían los antiguos mayas a partir de la corteza de un árbol llamado balche, al que se le agregaba miel y maíz. Debido a su fuerte sabor, los españoles le quitaron la corteza y le agregaron anís. Su nombre nace de las flores de xtabentún, que crecen en una enredadera originaria de Yucatán. La leyenda que cuenta la invención de este licor es una bella historia de amor.

Sambuca negra
Se diferencia de la sambuca tradicional en que a esta, además de las flores, se le agregan los frutos del sauco, que tienen una coloración púrpura. Se llama así por el nombre científico de la planta: sambuca nigra. La sambuca negra sabe muy bien con un toque de limón; también puede agregársele al café expresso o al capuccino.

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