“No hay virginidad que resista tres martinis”, escribió en un diálogo para una de sus obras el escritor británico Noël Coward. Pero el buen Noël se equivocó. A veces no se necesitan tantos. Porque, según informaciones conseguidas por la Unidad Investigativa de SoHo, con un solo martini bien preparado y una buena carreta basta y sobra para que ella le diga “sí” a todo lo que usted le proponga. ¡A todo!
Por eso, al momento de preparar este coctel no ahorre ningún esfuerzo. Hasta el mínimo detalle cuenta. De sus manos, su concentración, las copas y los ingredientes básicos (ginebra, vermut y la infaltable aceituna) dependerá que la noche sea la mejor.

Pero aunque todo lo anterior es básico, los barmen más reconocidos del mundo ven imprescindible hacerse a unas buenas copas triangulares. Éstas deben ser enfriadas previamente para que comience la función. Casi heladas, se bañan con las gotas de vermut, se agrega la ginebra —también fría— y por último, el touch que significa la aceituna, preferiblemente española. Esta operación debe realizarse con delicadeza de cirujano, para que el coctel no pierda su transparencia característica.

Desde sus orígenes, algunos dicen que fue descubierto en Nueva York a finales del siglo XIX, otros esgrimen que la Bahía de San Francisco fue el primer sitio donde se bebió un martini, una tercera teoría sitúa a Martínez, California, como el lugar de ‘nacimiento’ —de allí derivaría su nombre—, esta bebida ha sido sinónimo de estatus.

Humphrey Bogart,William Faulkner, John F. Kennedy, Ernest Hemingway, Winston Churchill, integran, entre otros, la lista —que por cierto, es bastante larga—, de amantes apasionados de este coctel. Cada uno tenía su propio secreto.

Y para que no se extravíe o naufrague en el mar de recetas y preparaciones que existen —hay más de doscientas, desde el clásico Dry Martini hasta el Woo Woo Martini—, aquí le presentamos los cuatro martinis más famosos “hechos por los famosos” (ver recuadro) para que se dedique a tomar este tradicional coctel sin temor a equivocarse.



James
Bond’s Martini
3 onzas de ginebra 1 onza de vodka 5 gotas de vermut
1 aceituna Un Martini nunca se agitaba y siempre debía estar hecho con ginebra.
Pero, ¿quién se atrevía a discutir con James Bond? Su preparación inició
una revolución del Martini. Hoy, para disgusto de los puristas, dos de tres
Martinis preparados en bares se hacen con vodka y no con ginebra. Calificación: 5.0
Luis
Buñuel’s Martini
1 1/2 onzas de ginebra 3 gotas de vermut Noilly
Prat 2 gotas de angostura 1 aceituna Al igual que con sus películas, el
cineasta español experimentó con todo, hasta que por fin logró una mezcla
digna que fuera reconocida por su sabor. Las gotas sólo las utilizaba para
impregnar las paredes de la copa. Luego las botaba para dejar la copa lista
a la ginebra. Entre más seco, mejor. Calificación:
4.5
Journalist’s
Martini
1 onza de ginebra 1/2 onza de oporto 1 cucharadita de granadina
3 gotas de jugo de limón cáscara de limón, en espiral De sabor dulzón por
el oporto, el Journalist logra nivelar su sabor con la acidez de las gotas
de limón. Es una variación menos transparente que ilumina la más oscura
de la noches. Su nombre no miente, es el martini de los periodistas. Calificación:
4.0
.
President’s
Martini
1 1/2 onzas de ginebra 1 onza de Curaçao Blue 5 gotas de
vermut

Franklin Delano Rooselvelt, ex presidente de E.U., fue un amante de los
Martinis. Solía llevar consigo su juego de bar para prepararlos donde fuera.
En una conferencia con Stalin, le dio a probar al líder soviético una de
sus especialidades. Stalin dijo que lo había encontrado “frío para el estómago”.
Nosotros no, lo único que extrañamos fue la aceituna. Calificación:
3.5

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