En la gigante bola de espejos que hay en el techo de Paradiso, discoteca recién inaugurada en Bogotá, se refleja una imponente mujer de 23 años que lo espera para servirle un coctel y saludarlo cariñosamente.

Siempre sonriendo, siempre de fiesta, siempre buena onda, esta bogotana espera irse a vivir a México tan pronto termine de estudiar mercadeo en Unitec. Lo suyo es la estrategia y la tiene clarita cuando llega un imprudente a echarle los perros. Con sutileza, póngale hiphop, rock, electrónica o salsa, Ana le baila lo que quiera. Háblele de cine, fotografía y literatura. Incluso de arte, dada su experiencia en la pintura —estilo surrealista— que le valió dos premios de la ONU hace unos años. Sin embargo, de música solo su novio le puede hablar, pues es el baterista de la banda de moda Divagash, aunque, por ahora, ni se le ocurre pensar en matrimonio. Dice que cuando intuye que su relación va para largo, se aburre. Nosotros, por el momento, quedamos más que satisfechos disfrutando de su belleza. Ella es una bartender difícil de encontrar.

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