No sé si alguna vez había pensado en que tal vez no existe un gesto de felicidad más explícito y contagioso entre los seres humanos que el de un jugador de fútbol cuando corre a celebrar un gol que acaba de anotar. Con los puños apretados sale en dirección a donde están sus seguidores, lanza un grito eufórico desde el fondo de su alma, y cuando oye el estallido de la fiesta en la tribuna pega un salto rabioso que parece llevarlo al infinito. En ese mismo instante, es probable que no exista un solo ser más feliz y más orgulloso que él sobre la Tierra. Su conquista desata un sentimiento de locura colectiva entre el resto de jugadores de su equipo, los miles de hinchas que ya inician el festejo en el estadio, e incluso entre millones de seguidores que observaron la jugada a cientos de kilómetros de distancia.

Guardadas las proporciones, la imagen anterior sirve para cuestionarse si cada uno de nosotros hace lo suficiente para hacer goles en su propia vida, y si en realidad se ha preocupado por festejarlos como debe ser. El ejemplo sirve, también, para preguntarse si cada cual realmente hace hasta lo imposible por alcanzar metas y lograr objetivos que produzcan ese inconfundible deseo de correr y saltar para celebrar como lo hacen casi todos los futbolistas. Y sirve, por último, para pensar si lo que cada uno hace diariamente tiene la virtud de trascender y alegrar la vida de los demás.

Durante tres semanas ininterrumpidas el equipo de SoHo preparó esta edición especial que conmemora nuestro segundo aniversario, y desde el primer día nos propusimos el objetivo de que al entregársela en sus manos debían existir razones suficientes para celebrar. La producción de fotos con las tres modelos de nuestra portada en algunos parajes inhóspitos de la Guajira podría ser la mejor de ellas, pero no la única. A lo largo de nuestras páginas también encontrará una gran variedad de temas y fotografías que servirán para hacerlo partícipe de este gran festejo. Esperamos que la disfrute.

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