No hace falta sino que pare un instante y observe lo que ocurre a su alrededor para que llegue a la misma conclusión: la gente está cada vez más loca. Con sólo salir a la calle se puede ver cómo cada cual carga con su propio desquicie individual: depresión, obsesiones, miedos, fobias y paranoias que nos agobian de manera casi ineludible. Se trata al parecer de un desquicie endémico que no distingue edad, sexo, religión, raza, estrato social ni preferencia de equipo futbolero. Basta remitirse a la historia o al informe de noticias de un día como hoy para saber que, con el paso del tiempo, el hombre ha ido abdicando progresivamente al buen sentido. Según algunos expertos la prueba de esto es que al menos la mitad de las camas de las clínicas y hospitales en muchos países del mundo están ocupadas por individuos afectados por problemas sicológicos, cuyo malestar se manifiesta a través de diferentes síntomas físicos. El resto de nosotros oscila entre los extremos del suicidio o la resignación de existir en medio de una cruenta batalla consigo mismo.
Ahora se preguntará en qué momento la razón y el juicio comenzaron a perder la batalla frente a las pasiones y los deseos que ahora gobiernan las mentes de cada uno de nosotros. Las estadísticas revelan -y esto es lo más chiflado de todo- que al paso que vamos los centros de reposo, los manicomios y las cárceles que hoy inundan los más ‘rayados’ van a terminar siendo destinados a confinar, definitivamente y para siempre, a los escasísimos cuerdos que queden por ahí.
¿Cuál es la causa? Durante mucho tiempo se han esgrimido teorías tan incoherentes y desequilibradas como el problema mismo. No obstante, la explicación más reciente surgió -aunque no lo crea- de un informe de la Unidad Investigativa de ésta revista. Al realizar un artículo sobre los costos y beneficios del matrimonio (página 64) descubrimos que en la naturaleza de ese vínculo puede radicar el origen de nuestra demencia. Al estar casados tarde o temprano la mujer termina por enloquecer a su marido, éste a su vez la chifla a ella, y así la historia se transmite de generación en generación. La compleja interacción entre marcianos y venucianas, sumergidos siempre en la ambivalencia extrema del amor y del odio, podría ser entonces la causa de nuestro desequilibrio emocional. Piénselo: durante la vida de novios el dilema es aprender a contener la pasión, en la vida conyugal es aprender a disimular el tedio. Por esa razón, si está en el dilema del matrimonio, es mejor que gire con precaución.
Pero SoHo trae mucho más para que termine de desquiciarse con esta revista. Para empezar —y como es costumbre— mujeres hermosas, lógicamente. Las fotos de Catalina Gómez (página 48) y Olga Medina (página 76) le harán perder mucho de lo que le reste de cordura. Si quiere la inspiración de un loco de atar dirígase al artículo de Howrad Stern (página 92), quien es una de las pocas personas en el mundo que puede hacer lo que nadie más logra: decir lo que se le da la gana. En fin…, aquí está su revista.

Por: Pablo Jacobsen Aparicio,

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