Seguramente usted también ha reconocido alguna vez esa extraña y cómica sensación de que nada de lo que sucede a su alrededor es real. Por un instante siente que todo lo que le ha ocurrido, las personas que ha conocido o los lugares en donde ha estado forman parte de una trama que transcurre de manera paralela al mundo de verdad. En ella existe un libreto previo donde se cambian los escenarios y los protagonistas, y donde todo ha sido dispuesto minuciosamente para probarlo a usted, para averiguar cómo reacciona ante cada situación, para reírse de sus torpezas y para mostrarle el mundo a través de un filtro que no permite ver su color original. Esto lo deja agotado pues nunca sabe si está despierto o en la mitad de un sueño, o si su vida simplemente transcurre bajo una de las muchas naturalezas extrañas y posibles del tiempo. Durante ese corto instante, finalmente, la sensación termina por convencerlo: ¡todo es mentira!

Tal vez esto le recuerde The Truman Show, la película donde se fabrica un mundo artificial para seguir cada instante de la vida del personaje protagonizado por Jim Carrey. La sensación de la que hablo es similar a la de Truman en el filme. La primera vez que recuerdo haberla reconocido, ocurrió un buen día en que me quedé viendo a varios amigos durante uno de esos paseos desquiciados a Cartagena. Los vi protagonizando situaciones tan divertidas y diciendo cosas tan cómicas que pensé que lo que hacían no podía ser cierto, que debían estar actuando con la única misión de hacerme reír. Cuando lo recuerdo, pienso que todo estaba previamente arreglado para engañarme.

Algo parecido puede sucederle cuando observa detenidamente a cada uno de los miembros de su familia, o cuando repudia el genio de su jefe, o cuando trata de recordar a una mujer que estuvo muchas noches a su lado y que ya nunca va a regresar. ¿Quién le puede asegurar que han sido reales? Es probable que cada uno de ellos haya sido escogido para interpretar un papel en la película de su vida por una razón específica: puede ser parte de una conspiración para manipular sus emociones, o quizá como una forma de investigar los laberintos más recónditos de su condición humana. Piénselo. ¿Quién le puede garantizar que justamente esta revista no cayó en sus manos como parte de un plan premeditado? ¿O que las modelos no fueron escogidas sabiendo que podrían llegar a enloquecerlo? ¿O que los artículos y, en general, el contenido de esta SoHo no han sido hechos como parte de un complot para alterar sus emociones? Se da cuenta: todo es mentira.

Pablo Jacobsen Aparicio
pablo@soho.com.co

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.