El doctor y sus mujeres El doctor Sullivan Travis es el ginecólogo más famoso de Dallas, y su clientela está compuesta por las mujeres más prominentes de la ciudad. El Dr. T tiene un talento muy particular para comprender a las mujeres que lo rodean, que en general son mujeres mimadas y consentidas en exceso, aburridas dentro de sus castillos de cristal e inevitablemente sometidas a la voluntad de sus hombres. La vida del Dr. T gira alrededor de sus dos hijas y su esposa, pertenecientes a la misma estirpe de mujeres que se aglutinan en su consultorio cada día, pero cuando su esposa Kate sufre una crisis nerviosa, todo el equilibrio de su mundo se cae estrepitosamente, dejándolo indefenso y desprotegido en un mundo que ahora le parece insoportable y hostil. Para su fortuna, en su vida aparece Bree, una jugadora profesional de golf, con la que desarrolla una relación que le permite ver la vida desde una nueva perspectiva, más amplia, pero irónicamente, más frustrante. Bajo la dirección de Robert Altman actúan Richard Gere (Dr. Sullivan Travis), Jani Vorwerk, Helen Hunt, Farrah Fawcett y Kate Hudson.
Kalibre 35 En Colombia sólo se puede hacer cine si uno se roba un banco. Esa es la divertida premisa de Kalibre 35. El primer largometraje de Raúl García Jr. revela mucho talento, pero falla a la hora de poner en escena, de la mejor manera posible, la historia que proponía en sus primeros minutos. La estética confusa —que mucho abarca y poco aprieta— no nos dice nada nuevo de la historia ni de sus personajes, y las dudas de su guión —que no le quiere entregar la vida a la anécdota que más le interesa al público: la del robo del banco terminan por recordarnos, primero, que Oliver Stone es el producto de otra cultura, y que pronto, muy pronto, el cine colombiano elevará considerablemente su calidad. Es probable que el propio García, a quien le sobra talento y pasión por el cine, haga una estupenda segunda película. Porque en Kalibre 35, a pesar de la extraña actuación de su cuarteto protagonista —a veces parecen inspirados, a veces no—, se alcanza a notar una maravillosa sensibilidad hacia las imágenes. Lo mejor que puede hacer uno es ir a verla para no caer en la actitud del personaje que Isabella Santodomingo interpreta al comienzo: en el desprecio y la envidia hacia las cosas que, más que bien, producen los directores y los actores de este país.
La sombra del vampiro Willem Dafoe hace, sin ninguna duda, el mejor papel de toda su carrera. Y compone, de lejos, uno de los mejores vampiros de la historia del cine. Y eso que el protagonista de La sombra del vampiro no es él, en el papel de Max Schreck, sino John Malkovich, el de siempre, en el papel de F.W. Murnau. La película, que podría haber sido una obra maestra, cuenta cómo se filmó Nosferatu, el clásico del expresionismo alemán, pero, lamentablemente, pierde varias oportunidades para afectar, asustar y conmover. Puede ser que no hayan contado con todo el presupuesto que necesitaba o que, en el afán de no caer en los lugares comunes de Hollywood, se hayan ido al otro extremo: a la mesura y la monotonía del cine europeo. Steven Katz, el guionista, se interesó en Nosferatu, la película de Murnau, porque se ve “increíblemente real”, como si los productores creyeran en vampiros y hubieran filmado, a la larga, un documental científico sobre los monstruos de la noche. Escribió la historia a partir de una idea genial: ¿qué tal si Max Shreck, el actor que hizo el papel del conde Orlock, hubiera sido un vampiro de verdad?, ¿acaso no es shreck la palabra alemana para grito o miedo? En resumen: una gran idea, una buena película y un muy bajo presupuesto.,
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