Harry: un amigo que te quiere

Michel y Claire, y sus tres hijas, van a pasar las vacaciones a su casa de campo. Hace mucho calor y están a punto de explotar. Paran en una estación de gasolina y, en el baño, Michel se encuentra con un compañero de colegio a quien no había visto ni recordado desde la graduación: se llama Harry Ballesteros, es millonario y, como no tiene nada qué hacer, tiene una novia. Parece un hombre feliz, parece un tipo que disfruta la vida. Sólo un detalle lo hace extraño: es capaz de recitar, de memoria y sin errores, un poema que Michel escribió para el periódico del colegio.
Harry no puede creer que la vida de Michel se haya alejado tanto de la literatura: está profundamente decepcionado, afectado, molesto por la forma como su antiguo compañero es maltratado y sometido por sus papás, su esposa y sus hijas. No concibe la vida de Michel sin la escritura. Le parece mentira que no haya escrito otro poema en su vida y que nunca haya terminado la novela sobre esos micos que llevaban una hélice en la cabeza. Y, como no tiene nada más que hacer, está dispuesto a conseguir, como sea, que su amigo vuelva a las ficciones.
Harry: un amigo que te quiere es una inolvidable película de suspenso. Sus actores, su director, la forma como se va acumulando la tensión, todo, la convierten en una de las mejores películas que han llegado este año a Colombia. Recuerda al cine de Hitchcock y eso es más que suficiente. Es la segunda película de Dominik Moll y con justicia obtuvo, este año, los premios César al mejor director y al mejor actor principal.

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El amanecer de un siglo

Istvan Szabo, el director de Mephisto, la película húngara que ganó el Oscar y se anticipó a los temas de The Truman Show, presenta El amanecer de un siglo, que cuenta la historia de tres generaciones de una familia judía, la Sonnenschein, que comienza a padecer cuando uno de sus miembros, Ignatz, decide cambiar su apellido por Sors. Desde finales del siglo XIX hasta los años 70 del siglo XX, los Sors tendrán que enfrentarse a las injusticias sociales y a un pasado judío que jamás va a abandonarlos.
Ralph Fiennes, en los papeles del abuelo juez, el padre esgrimista y el hijo interrogador, demuestra todo el talento que lo convirtió en el sicópata de La lista de Schindler. En tan sólo ocho años, Fiennes se ha convertido en uno de los grandes actores de este tiempo y ha podido trabajar con directores como Steven Spielberg, Neil Jordan y Robert Redford. La presencia de William Hurt, Rachel Weisz y John Neville determina una historia que necesitaba de buenas actuaciones. El amanecer de un siglo es una película larga y compleja, llena de símbolos ocultos, pero vale la pena verla para recordar, una vez más, que el siglo XX no fue lo que todos imaginaban: esa época de reconciliación y convivencia.
   
Mini espías

Robert Rodríguez aún vive de El mariachi. Y todo porque sólo costó siete mil dólares. Ahora se ha inventado una historia para niños, llena de naves, robots y efectos especiales, que ha sido un increíble éxito en Estados Unidos, y no ha abandonado, para nada, sus raíces latinas.
De hecho Mini espías cuenta la historia de los esposos Cortés, que algún día fueron espías y lo abandonaron todo para casarse, tener a sus hijos, y dedicarse, de lleno, a la vida de familia, pero que ahora se han dejado tentar, para regresar al mundo del espionaje.
Mini espías no es tan mala como suena, pero sí es una película llena de cabos sueltos y escenas pensadas para los niños como si ellos fueran tontos. Rodríguez no es ni ha sido un director que convenza por sus historias, sino un especialista en fachadas, efectismos y cámaras a toda velocidad. Su relación con Tarantino, que ha dejado por el camino algunas de las producciones más vergonzosas y sobrevaloradas de los últimos años, y su imposibilidad de llegar a un acuerdo con Steven Spielberg para filmar El Zorro, lo convirtieron, de un momento para otro, en un director de primera línea, pero sus obras siempre parecen inacabadas. Aunque cuesten millones de dólares.
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Jurassic Park III

El doctor Alan Grant acepta sobrevolar la isla en donde se inventaron los dinosaurios del famoso parque malogrado. Es, claro, una trampa. En realidad los padres de un niño que se ha perdido en el lugar se lo han inventado todo para que un experto los ayude a buscar a su hijo. No han pensado en las horribles consecuencias. Se ve que no saben lo que es un velocirraptor.
Jurassic Park III cumple con divertir, asustar y sorprender. No es mucho más lo que pedimos a las películas. Y ésta, que presenta los dinosaurios más reales que se hayan visto, logra convertirse en una digna sucesora de las producciones de Spielberg. La primera es la segunda más taquillera de toda la historia del cine. La segunda es la novena, pero aún ostenta el récord del fin de semana más exitoso: 90 millones de dólares. Así que no era fácil cumplir con el reto. Y Joe Johnston, el director de Jumanji, lo ha conseguido y se ha apuntado uno que otro momento en el que de verdad llegamos a pensar que la película era necesaria. La teoría sobre el mundo como un lugar dividido entre los astronautas y los astrólogos es memorable. Y las escenas entre el estegosaurio y el tiranosaurio, combatiendo como dos perros de tamaño prehistórico, podrían aparecer en un buen capítulo de la National Geographic.

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