Como muchas mujeres a las que en el colegio excluían de los picaditos y les tocaba resignarse a jugar a las cintas de colores, yo no sé nada de fútbol. Cuando la Selección Colombia juega contra Brasil y los jugadores se ponen una camiseta azul en lugar de amarilla termino gritando los goles equivocados y mis novios se mueren de la pena con los amigos, que los miran con cara de “a esta vieja bruta por qué la trajo”. Y creo que la razón por la que siguen llevándome a ver los partidos con más gente, es que cuando nos quedamos solos tiendo a desconcentrarlos con toda clase de aproximaciones sexuales. Si les suena conocido tengan en cuenta lo siguiente:

No se trata de una conspiración de las mujeres para impedirles disfrutar de uno de los placeres de la vida, ni celos del deporte por el que tantas veces han sido abandonadas los domingos por la mañana. Si a su pareja siempre le dan ganas de hacer el amor a los pocos minutos de que usted prende el partido es porque está bajo la influencia de un afrodisíaco increíblemente poderoso. Recapitulen y verán que tengo razón. ¿No han notado que sus amigas comentan las fotografías del álbum del mundial con un morbo parecido al utilizado por los hombres cuando se topan con la última SoHo? ¿O que cuando ven un partido de algún club italiano se ponen particularmente necias?

Yo tengo una fantasía que se repite cada vez que va a empezar un partido y los jugadores salen trotando a la cancha: esos hombres vienen de los camerinos donde se debían duchar y cambiar, pero yo estaba adentro con ellos. Ese monito alto que ahora está haciendo estiramiento me tuvo contra una pared de baldosín hace unos minutos mientras ese más chiquito y musculoso miraba. Luego esos dos que ahora cantan el himno con tanta solemnidad me hicieron... Bueno, creo que con eso se pueden dar una idea. El asunto es que no puedo evitar tener “malos pensamientos” relacionados con el fútbol. Así, cuando supe que Higuita sabía hacer el escorpión, inmediatamente pensé: “¿Será que eso lo convierte en un experto en el resto del Kamasutra?”
Antes de considerarme una vieja bruta, pónganse en mi lugar. El fútbol ofrece muchas más posibilidades imaginativas que un partido de tenis entre Anna Kournikova y Martina Hingis, o incluso que un partido de voleibol de playa femenino. La conexión de este último con las fantasías sexuales del universo masculino es demasiado obvia: lo juegan mujeres sudorosas y en bikini. Imaginen las posibilidades que se abrirían si fueran once niñas así de bonitas y trabajando en equipo....

Además, son muchas las cosas que se pueden aprender del desempeño sexual de un hombre viéndolo jugar fútbol. La última vez que me enamoré fue de un futbolista aficionado que jugaba de defensa. Me gustó como se barría para impedir goles y eso fue todo lo que necesité para empezar a hacer inferencias sexuales. Se me ocurrió que alguien capaz de tal abandono de sí mismo por su equipo (la pierna le quedaba en carne viva cada vez que se barría) debería ser de esos escasos amantes capaces de poner todo su empeño en complacer a la mujer antes de preocuparse por meter el gol. Por algo los arqueros y los defensas suelen gozar de más hinchada femenina. En cambio, un jugador que siempre quiere figurar, que no hace pases y desea meter gol todas las veces que toca el balón, con toda seguridad es uno de esos tipos que se hacen la paja dentro de uno. Esos que lo único que buscan es sentir lo más pronto posible un vacío en el bajo vientre para luego festejar y comentar con sus amigos el polvazo que se anotaron. Necesitamos más defensas, más armadores, más toque-toque, y, si hay goles, que sean un trabajo de equipo.

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