Las mujeres fingimos todo. Nuestra obsesión por fingir comienza justo cuando salimos por primera vez con un tipo. Nos hacemos las rumberas, las que nos gusta el baile y la parranda y el trago, y después de unos meses, comenzamos a quitarnos la máscara y a pedirle que nos quedemos en la casa. Luego revelamos nuestra verdadera personalidad y si el pobrecito sale un día de rumba, nosotras, las que antes éramos tolerantes, nos volvemos unas criminales en potencia.

También fingimos el llanto. Podemos llorar justo cuando es necesario para evitar una pelea o para desviar la atención sobre un tema espinoso. Pero lo que más sabemos fingir son los orgasmos. Cualquier mujer que se respete ha fingido, por lo menos, uno.

¿Por qué finge un orgasmo una mujer? Pues yo, por lo menos, lo he hecho por puro aburrimiento, básicamente. Esos manes que, mientras están tirando empiezan a preguntar ¿ya te viniste? ¿te falta mucho? son los culpables de que uno diga, bueno, listo, ya me vine. Termina tú y deja de joder.

Hay algunas, es cierto, que fingen orgasmos por amables. Para que el tipo se sienta bien. Normalmente estas mujeres se caracterizan por ser sometidas, silenciosas en la cama, por no saber decir qué quieren y por ser malos polvos.

Yo, particularmente, no finjo un orgasmo hace muchos años. Si no pasa, digo que no pasó y ya está. Ya me aburrí de fingir gemidos. Si el tipo comienza a preguntar le digo simplemente que no. Que no me he venido. Que espere y que no me presione. Si no aguanta, para eso está la repetición.

Los hombres, sin embargo, también fingen orgasmos, algunos de ellos con una frecuencia inusitada. Es evidente que los hombres dejan una huella física cuando tienen un orgasmo, así que no es tan fácil como para las mujeres (aunque nosotras también dejamos huellas físicas, que muchos no saben leer todavía).

Sin embargo, gracias al uso del condón, es mucho más fácil fingir un orgasmo. Lo hacen de la misma forma que las mujeres, con gritos y "qué rico", pero lo hacen por razones un poco diferentes.

Un hombre suele fingir un orgasmo frente a una mujer que no lo deja descansar. Ella va por el tercer polvo, feliz, y él, pobrecito, está molido y quiere irse a dormir, así que se excita, pasa bien, pero no se viene, está mamado y ya no da más. Se hace el que se viene, se para, se quita el condón y chao, a la cama.

¿Qué mujer va a tomarse el trabajo de mirar un condón? Yo, por lo menos, no. Ni se me ocurriría. Quién sabe entonces si todos los tipos se han venido siempre conmigo o no. Yo no me calificaría como demasiado intensa, ya saben, no me gustan los terceros polvos. Y también sé qué exigirle a quién, dependiendo de la edad y del estado físico.

Sin embargo, si me enterara de que alguno de ellos ha fingido un orgasmo, seguro que me molestaría. Me sentiría engañada, como si me hubieran dicho mentiras. Y como me molestaría darme cuenta saber que finge, evito hacerlo yo misma. Así que soy sincera, por lo menos en la cama.

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