Este artículo no es para ustedes. Porque, con toda seguridad, ninguno de ‘ustedes’ ha tenido algún tipo de disfunción sexual. Por regla general todos los hombres aseguran que son superhéroes en la cama. Y debe ser cierto, porque por mi cama ha pasado todo el Palacio de la Justicia. En esta oportunidad les voy a hablar de mi experiencia con Flash, el hombre más rápido del universo. Flash era inteligente, creativo y desinhibido, pero no aguantaba una penetración de más de 30 segundos sin venirse. Según leí en una revista femenina tipo Cosmopolitan, el problema es bastante común. Muchas veces es debido al estrés y existen médicos especializados y drogas muy efectivas. Lo grave es que los hombres no leen Cosmopolitan. Si acaso miran a la modelo de la portada y se burlan del titular que dice “Diez maneras para complacer a tu hombre”. Son demasiado hombres para leerla así como para aceptar que tienen un problema de eyaculación precoz. Flash tampoco quiso leer el artículo y cada vez que le planteaba el tema me ponía cara de ofensa mortal y aguaba el ojo. Recuerdo muy bien la primera vez que su rapidez se hizo patente. Flash le echó la culpa al condón. “Es que yo con esa vaina no puedo. ¿Por qué no toma pastillas?” Un datico: si creen que es culpa del condón vean American Pie. Ahí muestran como el condón desensibiliza, y al hacerlo puede incluso permitir coitos mas largos. Una vez pensé en decirle que se pusiera dos condones, como le sugiere la niña de la película al ‘flashístico’ personaje. Pero, Flash era inteligente, creativo y desinhibido (además de crítico insaciable del cine comercial), así que no quise pelearme con él mostrándole mis conocimientos de películas para adolescentes gringos. Pero como era de esperarse, sin condón tampoco funcionó el asunto. Decidimos recurrir a la tradicional ‘bluejeaneada’ o a todo tipo de sexo sin penetración. El tiempo de los encuentros mejoró significativamente, pero ocasionalmente y, sobre todo, después de unos tragos yo cometía el error de pedirle que le abriéramos espacio a la penetración. Estas imprudencias me costaban, después, horas de “no tranquilo, no se preocupe, a mí no me importa, no tiene que irse, no se pare, venga y lo consiento un ratico, no usted no es un perdedor, ¿quiere poner el canal de deportes?…” Su orgullo de macho le cerró de entrada la posibilidad de ver un médico, por lo que recurrió a la colombianísima automedicación. Todavía no había llegado el Viagra al país, así que Flash tuvo que usar toda su inteligencia, creatividad y desinhibición para encontrar el remedio apropiado. Una vez se dopó con Desenfriol, Coca–Cola y tinto. La taquicardia que esta mezcla le produjo le hubiera permitido salvarse del ejército, aunque casi lo conduce a la hoy agonizante Shaio. Nunca había metido drogas fuertes. Pero, una noche que le propuse un baño de espuma en la tina, debió acordarse de Jim Morrison y sintió súbitamente unas ganas irresistibles de irse a la Caracas a comprar cocaína. Preferí olvidarme de la tina. Mientras tanto, nuestra vida sexual se tornaba cada vez menos placentera. Como Flash se sentía aminorado por culpa del problemita, producirme orgasmos se le convirtió en una obsesión. Decidió recurrir al teatro. Representaba a mafiosos que parecían sacados de película con tecnicolor. Tomaba un Pielroja y se lo fumaba como si se tratara del mejor de los habanos. “¿Usted se masturba?”, me decía. Y claro que me masturbaba muchísimo mientras salía con él. “¿Cómo se masturba? ¿Por qué no se masturba delante de mí?”. Y por primera vez en mucho tiempo Flash me vio tener un orgasmo. Así vestido, e imitando pésimamente mal el acento italiano. ¿En serio creen que hablar con un médico es más vergonzoso que todo esto?

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