Últimamente estoy obsesionada con la idea de que un cuarto de los hombres bogotanos son gays, pero que sencillamente no salen nunca del clóset. Veo homosexuales entre mis amigos, los amigos de mis papás, mi familia, en el trabajo, entre los papás de mis amigos, los novios de mis amigas y hasta mis ex. Pero ninguno de ellos lo acepta abiertamente y llevan vidas de heterosexuales. Tienen novias o esposas, hijos, se visten tan mal como cualquier hombre y cada vez que pueden procuran hacer chistes inteligentísimos acerca de los 'maricones'. Eso sí, después de unas copas se ponen excesivamente táctiles y elogiadores con los jovencitos apuestos y sale a flor el Elton John que llevan dentro.

Antes de seguir, cabe advertir que soy un poquito paranoica y siempre me han gustado las teorías conspiracionales, y que esta en particular no pretende ser una crítica al homosexualismo. Varias de las personas que más quiero en el mundo son gays, y creo que hay que dar la pelea para que en Colombia se dejen de violar sus derechos más elementales, y que en un futuro ya no tengan que vivir la vida oscura que tanto censuramos. Pero como no creo que nada sea tan sagrado que no aguante algo de humor, sigamos con el asunto de los gays de clóset.

La idea empezó a darme vueltas cuando se murió el papá de mi amiga Clara. El señor era como una caricatura de nazi que cada vez que podía proponía un sistema de limpieza social para acabar con los travestis de la calle, y maldecía cuando tenía que ir a la peluquería a ver a "esos aberrados de mierda". En pleno luto, Clara me pidió que le ayudara a limpiar los archivos del computador de la joyita. Cuál no sería mi sorpresa cuando descubrí que en una de las carpetas de sus páginas de internet favoritas había por lo menos veinte sitios de pornografía homosexual, entre los que figuraba un servicio de suscripción de videos y fotos de niños adolescentes. Me imagino que el señor llegaba de la peluquería tan excitado que gritaba un par de groserías para que lo dejaran en paz, y se encerraba a ver las imágenes mientras pensaba en Mario, el morenito que se encargaba de hacerle el champú.

Creo que algunos cargan con el secreto toda la vida y nunca se aceptan como son, o llevan una doble vida de padres de familia y clientes asiduos de bares gays donde tienen cuenta y tutean a los meseros aceitados. Un amigo de mi tía tiene una cabaña a las afueras de la ciudad a donde le gusta ir sin su esposa, y lo sé porque cada vez que se emborracha se lo hace saber a todos mis amigos, que generalmente (un cuarto de las veces) rechazan sus amables invitaciones.

Lo más despistador es lo bien que les va con las mujeres a muchos de los hombres de sexualidad dudosa. Hace un tiempo estaba en una fiesta con uno muy cotizado entre el género femenino. En la fiesta estaba mi amigo Andrés, que tiene una belleza delicada como el principito de Saint-Exupéry. El tipo empezó a burlarse de cómo bailaba moviendo las manos de forma afectada y a decir que ese tipo era marica. Pero luego llega la novia de Andrés y me dice que no se aguanta más la perseguidera y la tocadera que le tiene montada el supuesto homofóbico a su novio. Otro caso irresuelto de los archivos secretos.

Todos los días oigo cuentos que incrementan mi paranoia: del profesor churro de la universidad que salía con todas las alumnas, pero al que también suele encontrárselo los viernes tomando trago y muy cariñoso con uno que otro amigo amanerado. De rompecorazones profesionales que pasan de una mujer a otra y con todas tratan de evitar la intimidad. De maridos que al saber que tienen cáncer, dejan a sus esposas después de veinte años y se van a vivir con el novio.

Entre tanta mentira a las mujeres cada vez nos queda más difícil saber en quién confiar. Un pariente homosexual que adoro me dice que lo complicado es que los gays funcionan en la cama perfectamente con mujeres, así que incluso en calidad de amantes es difícil descubrirlos. Yo me imagino que debe ser muy duro salir del clóset y admiro profundamente a los valientes que lo han hecho. Esos son hombres con los pantalones bien puestos. En cambio, me parece el colmo que los que siguen haciéndose pasar por heterosexuales nos utilicen a las mujeres para ocultar su secreto, sin ningún respeto por nuestros sentimientos.

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