Luego de unos segundos en negro, sale mi mano en primer plano quitando la tapa del lente. Una luz tenue deja ver mis curvas caminando hacia la cama, en la penumbra. Al fondo suena algo de Bajofondo que repentinamente se acaba. Tengo unos calzones de encaje negro que bajan por mis piernas de una manera poco sutil. Evidentemente es una producción casera. No hay nada ensayado. Lo que sigue son dos cuerpos teniendo sexo, del real. No se parece en nada a una película porno. Es mucho más excitante, la verdad. No hay exceso de gemidos, pero se pueden oír las respiraciones agitadas y uno que otro gritico de mi parte. Tampoco aparezco haciendo diez mil proezas, ni me muevo exageradamente. Simplemente estoy teniendo sexo de verdad con un hombre de verdad. Los cambios de posición son solo dos o tres y el plano no varía. Al principio tengo en mi mano un control que puede cambiar el zoom, alejando y acercando la imagen, pero en un momento dado lo tiro al suelo y me entrego por completo a la carne, al momento.
No tengo memoria muy exacta del "cortometraje". Únicamente lo vi una vez y creo que me mojé de solo pensar que era yo la que aparecía en esas imágenes tan eróticas y reales. Me subió la autoestima sexual y desde entonces supe que tengo poco que envidiarle a una actriz porno. Aún creo que el pacto tácito que hicimos de que fuera nuestro nada más está vigente, pero tampoco me desvela suponer que el protagonista y dueño de la cinta, un ex novio con el que no hablo hace más de un año, se ha deleitado varias veces con ambas manos ocupadas: una moviéndose a mi ritmo y la otra manejando el control remoto para atrasar y devolver una y otra vez.
Para casi todos los hombres, hacer un video constituye una de sus más grandes fantasías. Muchos estarían felices si sus parejas tomaran la iniciativa y pusieran la cámara a rodar. Sin embargo, una doble moral no los deja aceptar que si uno es capaz de hacer un video con ellos, es capaz de hacer un video con otros. En realidad el asunto va más allá: los hombres siempre quieren pensar que uno jamás ha hecho nada de lo que hace con ellos en otra cama, pero por algún extraño motivo suelen preguntar más de la cuenta. Es como si un morbo mezclado con rabia los moviera a hacer preguntas cuyas respuestas, en el fondo, los dañan. Les gustan los detalles y los primerísimos planos de nuestro pasado.
Jamás le habría contado a mi novio actual ni a nadie lo del video, pero veníamos en el carro hablando de sexo de manera amena y muy sincera. Él hasta me había contado de una orgía con niñas de dieciocho años. No sé en qué momento de la vida yo cambié mi manera de ver el pasado sexual de mi pareja, pero no me molesté con nada de lo que me contó. Por el contrario, recrear algunas de esas escenas me hizo empapar. Después empezamos a confiarnos fantasías: yo quiero que un día me hagas esto, y tú a mí esto otro. Su mano estaba entre mis piernas y yo iba plena, al timón. De repente surgió el tema del video. "Un día de estos podríamos hacer un video", me dijo al oído. Yo asentí con la cabeza y seguí disfrutando de su mano. "¿Haz hecho un video alguna vez?", preguntó cortado. Yo intuí lo que vendría después de mi respuesta, pero luego pensé que después de todo era una pregunta hecha dentro de un contexto de confianza que ameritaba sinceridad. Mentirle me parecía muy tonto. Dije "ajá" tímidamente. Creí que si el tema hería, de esa forma podía quedar cancelado, pero no fue así. Él quitó la mano de entre mis piernas y vino una ráfaga de preguntas con las que buscaba atormentarse a como diera lugar. Cómo, cuándo, con quién, cuánto dura, qué sales haciendo, quién tiene el video, qué sentiste cuando lo viste, por qué lo hiciste, en qué posición apareces.
Yo hice un silencio para darle a entender que no iba a contestar, pero terminé dando alguna información. Fue hace un año y medio, es el único video que he hecho en mi vida, lo hice con mi ex novio, él lo tiene en su poder. Parecía contestando las preguntas de un prefecto de disciplina, hasta que reaccioné y le dije a mi novio lo que les repito a todos los hombres en esta ocasión: sacúdanse esa doble moral. Bendigan todos los buenos polvos que nos hemos echado en la vida. En el presente, en el aquí y el ahora, el pasado sexual de una mujer, con o sin videos, es un gran aliado. Todo eso que han vivido es precisamente lo que las hace ser esas mujeres que hoy en día ustedes desean y a quienes les celebran sus proezas en la cama.

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