Siempre me escribe cuando hay luna llena. Me dice que me ama, que la luna es nuestra y otra cantidad de cosas bonitas, pero inofensivas. La última luna llena, ya estaba esperando su correo. Esa noche tenía sed, estaba aburrida, quería salir por ahí a ver qué encontraba, a quién encontraba. A veces todos sentimos despertarse ese instinto cazador y yo estaba casi saliendo para un bar con unos amigos, cuando llegó su mensaje.

"Te amo. Siempre que hay luna llena pienso en ti y en un día que tenías una camiseta blanca por donde asomaban tus pezones". Inofensivo.

Yo no me sentía tan inocua, así que no le respondí como siempre, sino que le dije: "Yo no te amo, yo te deseo. Quiero que me chupes las tetas a la luz de la luna".

Se demoró un rato en silencio, y mientras tanto yo decidía si me quedaba o no. La frase siguiente me entusiasmó. "Se me está parando. Conéctate ya al Messenger".

Llamé a decir que llegaba más tarde al bar, me serví un whisky con hielo y me senté frente al computador. "Aquí estoy", le dije. "Yo también". Y sentimos ambos una timidez enorme. A veces he tenido sexo virtual, pero con mi novio. Esta vez era con un hombre que siente atracción por mí, pero con quien nunca ha pasado nada. Él es un poco mayor que yo, pero igual es muy sexy, y si no hemos tenido nada no ha sido por mí, precisamente.

Empezamos por conocernos el cuerpo, porque aunque teníamos cámara los dos, nos pareció más erótico describirlo.

"Mis tetas son redondas y grandes y mis pezones son claros. Mi cintura es estrecha y mis caderas amplias y el culo es firme y suave y hoy tengo las uñas pintadas de rojo sangre".

"Mi cuerpo es nervudo y moreno, delgadísimo y tenso por el ejercicio. Mi verga es larga y delgada y palpita cuando te siente cerca".

Luego empezamos a fantasear con lo que nos gustaría hacer.

"Quiero lamerte toda. Quiero agarrarte el culo y ponértelo contra una pared y comerte mientras te miro la cara".

"Quiero chuparte la verga, enredar mi lengua en ella y hacerte venir con mi boca".

Con el segundo whisky comencé a excitarme de verdad y me dejé llevar lentamente por sus palabras eróticas. Pasamos de la fantasía a la realidad.

"¿Cómo estás vestida?".

Fue raro, porque hubiera podido decir que tenía algo mucho más erótico, pero escogí no mentir. "Tengo unos jeans apretados y un top de seda azul claro. Llevo sandalias plateadas y unos calzones vinotinto".

"Yo tengo un vestido de paño azul oscuro, una camisa blanca y unos calzoncillos blancos pegados hasta media pierna" (esos son mis preferidos).

"Quítate los pantalones". Lo hice.

"Yo me estoy desvistiendo", me dijo.

"Chúpate el dedo y con él toca tus pezones". Lo hice de nuevo.

Empezamos a masturbarnos frente al computador, tecleando a veces con la mano que teníamos libre, y las letras empezaron a diluirse y cada "ah" que éramos capaces de escribir nos excitaba más, y en cada posición que nos pedíamos mutuamente sentíamos un placer enorme, como si estuviéramos de verdad haciendo el amor, sin conocer el cuerpo del otro. Yo me vine y me ocupé de hacerlo venir a él, como él me había hecho venir antes con sus palabras, y luego él se vino y vi cómo mi ropa estaba tirada en el piso, en desorden, como si acabara de tener el mejor polvo de mi vida, pero en realidad había sido un polvo virtual con un perfecto extraño.

Aún no hablamos de nuevo, pero ya he comprado unos calzones rojos de encaje para la próxima luna llena.

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