Treinta años atrás, tener hijos antes de casarse resultaba escandaloso. Lo que nadie nos avisó es que tener hijos después de casarse también es un escándalo: el escándalo lo hacen los hijos.
Previo al nacimiento de tu primer hijo, el diálogo más habitual con tu pareja luego de hacer el amor podía ser: "¿Te gustó?".
Después de tener hijos, la primera frase posterior es: "¿Te parece que se habrá despertado?".
Esa es la primera frase posterior, si tienen suerte. La frase puede ser anterior, y que el matrimonio tenga verdadera conciencia de lo que es un coitus interruptus. Coitus interruptus es tratar de hacerlo luego de tener hijos. No hay mejor método anticonceptivo que la concepción.
Los hijos, también, limitan decididamente los malabarismos sexuales. La pareja con hijos siempre debe elegir posiciones sexuales en las que sea fácil desanudarse en caso de que el niño golpee la puerta o baje el picaporte. O una posición que permita, en caso de que el niño logre abrir la puerta, fingir que se está haciendo cualquier otra cosa. Lo mejor, en definitiva, es no hacerlo hasta que los hijos cumplan veinte o treinta años.
Es cierto que la pareja puede alejarse del hogar y recurrir a un hotel por horas o a un viaje. Pero entonces, el componente femenino de la pareja se preocupará por los chicos a los que ha dejado solos. Si a esa misma mujer se le sugiere que no vaya a trabajar para quedarse con sus hijos, tildará al sugerente de machista, de desvalorizarla, de estar sugiriéndole, en realidad, que no sirve más que para lavar los platos. Pero si se le sugiere que deje a los hijos para pasar dos días en Brasil o una noche en un hotel, entonces tildará al sugerente de desalmado, de no respetar sus instintos maternales, de suponer que es capaz de cualquier cosa con tal de no estar con sus hijos. Queridos amigos: no intenten hacer el amor después de tener hijos. ¿Y cómo nos las arreglamos? Bueno, mis escritos son de antiayuda.
Cuando tu hijo está por nacer, lo primero que te decís es: "Nunca en mi vida le voy a pegar". Después de los dos años, tu nuevo pensamiento es: "Lo importante es no dejar marcas".
Para criar hijos hay tres reglas básicas; y las tres las enseña la serie Kung Fu. Como ustedes recordarán, para salir como graduado del Templo Shaolín, Wang Chain Kein debía superar tres pruebas: 1) caminar sobre papel de arroz sin arrugarlo; 2) quitar una piedra de la palma de la mano del maestro antes de que pudiera cerrarla; 3) alzar un caldero hirviente con los antebrazos, de manera que le quedara tatuado para siempre el dibujo del dragón, símbolo del Shaolín.
Pues con los niños es igual: cuando lo dormís, estás obligado a salir de su pieza como si caminaras sobre papel de arroz sin arrugarlo, porque si se despierta debido a un movimiento brusco o al solo sonido de tus pasos, te odiarás por el resto de tu vida. En segundo lugar, es preciso aprender a sacarle de la palma de la mano todas las porquerías que intenta meterse en la boca: aspirinas, veneno para ratas, recibos de luz, material radiactivo; antes, incluso, de que roce sus labios; si no, puede quedar ciego como el maestro de Kung Fu, o incluso peor. Y por último, tenés que estar dispuesto a recibir, ya no en los antebrazos, sino en el pecho o en la cara, las decenas de recipientes con líquidos hirviendo que se tira encima a lo largo del día.

Los derechos humanos de los padres
1. Los padres tienen derecho a dormir.
2. Los padres tienen derecho a comer.
3. Los padres tienen derecho a comer sin convidar.
4. Los padres tienen derecho a pensar.
5. Los padres tienen derecho a repetir, al menos una vez, aquella actividad que trajo como consecuencia el nacimiento del presente hijo menor de tres años.
6. Los padres tienen derecho a ingresar al baño, a cerrar la puerta, a no ser molestados en el baño luego de cerrar la puerta.
7. Los padres tienen derecho a que los hijos no toquen el fuego, a que no se sumerjan en aguas profundas, a que no se alejen sin avisar, a que no se suban a toboganes de más que mil metros de altura, a que no arrojen arena a los ojos al linyera psicótico de la plaza.
8. Los padres tienen derecho a tomar algunas decisiones respecto de sus propias vidas. Por ejemplo, al menos una vez por mes poder elegir el sitio donde se irá a pasear o el sabor de helado.
9. Los padres tienen derecho a no recibir consejos de, a saber: expertos, extraños, parientes, docentes, especialistas, señoras sin ocupación evidente, vecinos cuyas vidas son el mejor consejo acerca de lo que no se debe hacer.
10. Los padres tienen derecho a no conocer la respuesta a algunas repreguntas tautológicas, tales como:
a) -¿De qué color es la mesa? -Verde. -¿Por qué? b) -¿Y Sara, quién es? -Mi tía -¿Por qué? c) -¿Qué hace la gente de noche? -Duerme -¿Por qué?
Adjunto: Los padres tienen derecho a sentir que, aún vulnerados todos sus derechos evidentes como seres humanos, su hijo menor de tres años es lo mejor que les ha pasado en la vida.

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