Más acá del papel está mi vida. Y en ella, en lo que no se escribe, estos, los amorosos gestos repetidos, las miradas, las voces, los nombres solo nuestros, hechos de carne y hueso y territorio. Cómo decir que veo lo que siento. Te siento viéndote, estás atareada, vas de aquí para allá porque Manuela, y de allá para acá porque Fernando, y luego, cuando el sol entra por la ventana, sé que me llamarás porque es la hora del café que compartimos. Ah, el café, con su aroma de la tierra templada, y el color de la taza que da visos de luz sobre la mesa, y los pasteles que dejan su rastro de pastel entre los tenedores. Y tu voz. Y tu risa. Ahora me dirás lo que soñaste, me dirás lo que sueñas. Te miro. En tus ojos está mi vida entera. "Ojos claros, serenos, que de dulce mirar sois alabados". Pero no más, porque en ellos no cabe estar airados. Estás acá, conmigo. En esta casa y en este saloncito, en esta gata que se llama Carlota y en este perro nuestro que ha sido perro nuestro hace quinientos años, y en este silencio que se hace silencio sin ser nada distinto que silencio, y en el lenguaje en clave que hemos construido a lo largo de años, y en el hecho de ser nosotros un único nosotros, de sentir cómo solo nosotros oímos nuestra música, de saber que el sabor de la papayuela está hecho de una penumbra vaga de la pequeña alcoba, y que hicimos a Lisboa paso a paso, de saber quién era Laureano y dónde (y rebuznaba), y ver al venado que se atraviesa y sentir que la vida es bella, que es bello estar aquí sintiendo tus rodillas en las mías bajo la mesa, saber que alguna vez, que muchas veces, esperaste que cruzara la puerta, oír tu "¿eres tú?" sólo a mí dirigido, y amarte, saber de tus caricias y deseos, de tu tal vez que tal vez diga sí sin llegar a decirlo, sentir que estoy contigo hablando, riendo, también llorando, también sufriendo, estando juntos también acorralados. Entra a raudales el sol por la ventana. Es nuestro sol, nuestro mar, nuestro bosque, son nuestros cuervos y nuestro solitario zorro solitario, no hay nada mío en ese nuestro nuestro, aquí están nuestros libros y nuestra puerta de salida que es la puerta de entrada, y nuestras escaleras para subir al cielo y para bajar al cielo que queda en esta casa, tu casa, nuestra casa, que puede no ser la casa nuestra pero que es solo la casa, nuestra casa. Ser feliz es sentir que respiras sobre mi hombro por las noches, es sentir que creciste conmigo, que las ollas cantan en la cocina, que 'hacer cositas ricas' es ir a comprar maticas en el invernadero. Contigo soy feliz, tú me enseñaste. Afuera está la guerra y quedan los rencores. Adentro, en nuestro sitio, la modorra y los atardeceres, y ahora la nieve con sus tormentas y el frío inmarcesible y el júbilo inmortal. Y los recuerdos, que hicimos para vivirlos juntos. Y la vida que hicimos para recordar que la hicimos. Y el hoy, hecho de leerte esta página para ver tu sonrisa. Y el después, donde estará la muerte. 'Vendrá la muerte y tendrá tus ojos', y ambos nos dormiremos bajo un domo de estrellas.

Me preguntas: ¿vas a escribir sobre el hecho de ser feliz? Y yo, sin contestarte, aquí te miro. Veo tus manos hechas de luz y también de trabajo, tu perfil y tu espalda, conozco tus recuerdos y tus amores y tus desavenencias, me gusta porque te gusta el Dalai Lama, distingo tu figura entre la multitud, veo tu anillo de matrimonio que luce su pequeño diamante solitario, sé de tus suéteres y de tus perendengues, me gustas diferente en las mañanas, siento el solo aroma del solo ser que eres, oigo tu voz, acaricio tu mano y me río en tu risa y encuentro tus palabras. Y vengo hasta esta mesa dispuesto a escribir del amanecer cuando todo es silencio, y encuentro que ese amanecer sólo dice tu nombre, y que la luz dibuja la silueta que tienes al salir de la ducha, y que el rumor del río no es otra cosa que tu voz que me llama. Y entonces, cuando me enfrento a la soledad de las palabras, siento que es imposible, que yo he sido feliz de otra manera. No leer, no escribir, dejar cada sentido en duermevela. Y hacer del mundo este universo entre cuatro paredes. Acá hacemos la vida en cada instante, y la vida es feliz si es esta vida, mi vida, nuestra vida.

Los ruidos de la casa llenan la casa entera y siento que estas letras se escriben sobre tu corazón.

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