A finales del año 2000 no era extraño ver en los tablones de La Bombonera a niños, adultos y ancianos con un exótico mechón amarillo. ¿La razón? Amor al número nueve del Boca Junior, el imprescindible delantero, el incuestionable goleador… el ‘loco’ Martín Palermo. La fiebre tiene historia: Palermo no comenzó en Boca sino en Estudiantes de la Plata y a lo mejor por eso, aun a pesar de La Doce y de La Bombonera, es en La Plata donde sigue su corazón. A los doce años Palermo jugaba en la novena división de Estudiantes, y desde entonces se le metió en la cabeza –esa, la del futuro mechón– ganar el título de goleador en todas y cada una de las divisiones que lo separaban de primera. Por eso se entiende que los dos titanes de la Argentina, esos que se hacen llamar River y Boca, encontraran en el talento del ‘loco’ otro motivo perfecto para alentar la competencia. Finalmente los xeneizes se alzaron con el triunfo, y la efectividad y el talento de Palermo permitieron que Boca ganara dos campeonatos locales, una Copa Libertadores y un campeonato Intercontinental contra el Real Madrid en que anotó los dos goles suramericanos.

Una decena de ofertas y veinte millones de dólares más tarde, el ‘loco’ inauguraba un nuevo capítulo de su vida en el club Atlético Villarreal de España. Palermo ratificó las condiciones que lo habían llevado a la punta de la tabla en Argentina, así como a la Selección de su país, en donde solo jugadores de la clase de Batistuta, Crespo y Canniggia tienen un lugar en la delantera.

Y aunque en su paso por España Palermo siempre tuvo que ver con el marcador, fue justamente un gol el que lo dejó fuera del Mundial. El 29 de noviembre de 2001, mientras el Villarreal jugaba con el Levante por la Copa del Rey, Martín anotó el gol más triste de su carrera. Un gol que, aunque suene raro, todos –los hinchas del Villarreal y el mismo Martín incluidos– hubiésemos preferido que saliera desviado o que en el mejor de los casos se estrellara contra alguno de los tres palos. Pero como al ‘loco’ le pagan por hacer goles y no por ser profeta, eso fue lo que hizo: marcó un gol que literalmente destrozó las gradas. En plena celebración un muro de la tribuna no pudo contener la emoción de la fiel hinchada y se vino abajo. El goleador argentino resultó con la tibia y el peroné destruidos, y quedó fuera de las canchas por más de seis meses.

Palermo sabe que “si no son cosas del fútbol son cosas de Dios” y por eso, después de medio año de intensa fisioterapia y entrenamientos de recuperación a doble jornada, está nuevamente listo para volver a las canchas.
¿El mechón amarillo era moda o amor al Boca?

La verdad, todo era por Boca. El amarillo dorado es el color de Boca y era otra forma de demostrarle a la hinchada lo comprometido que estaba con el equipo. Ver en el estadio y por la calle niños y aficionados con máscaras de mi cara e imitando mi mechón era algo especial.

¿Por qué el ‘loco’
No recuerdo bien quién me lo puso, pero la primera vez que lo vi fue en la prensa. Se lo inventó algún periodista deportivo al comentar una jornada un lunes, después de ver una de mis celebraciones.
¿Qué tal la vida en España? ¿Cómo le ha ido con las mujeres, con la comida?Es difícil estar lejos de los amigos, de la familia y de la calle de uno. La comida y las mujeres son mejores en Argentina; en ese aspecto no me parece que España tenga algo especial. Prefiero un churrasco que una paella.La lesión que tuvo en Argentina es cosa del fútbol, pero la de España es bastante atípica.
¿Eso hace que duela más?
Solo es mala suerte. Dios sabe por qué hace lo que hace; lo de uno es mirar hacia adelante, seguir laburando. Me dio mucha rabia porque a nadie se le cae un muro encima mientras celebra un gol. Ni siquiera sabía a quién echarle la culpa, pero eso es pasado.
Qué prefiere: ¿meter un gol o una buena noche con una mujer?

Los goles son amores.
Si los goles son amores, ¿qué son entonces los penaltis errados?
Yo sé que lo decís por lo del partido contra Colombia en la Copa América y te puedo contar que de mi carrera esa ha sido una de las noches más tristes. Era la primera vez que me llamaban a la Selección y tuve esa mala fortuna. En los dos primeros tuve rabia y ganas de revancha que, como siempre en el fútbol, se me dio. Cuando fallé el tercero quería que me tragara la tierra. Hoy lo cuento como una anécdota y no pasa nada. Si algún día hay otro penalti seguro que lo pido y más si es contra Colombia.
Sin ánimo de ironía, ¿cómo se debe cobrar un penalti?
Hay muchas formas de cobrar un penalti. Se puede cobrar abajo, arriba y a media altura, colocado con potencia y jugarse un lado o aguantar al arquero. Un penalti cobrado fuerte arriba nunca nadie te lo va a atajar, es muy cerca y nadie tiene esos reflejos, pero se corre el riesgo de que se levante el balón o te salga desviado. Hay que estar concentrado, creo que lo mejor es escoger un lado y no cambiarlo por nada. Uno mismo debe colocar el balón y nunca sobra una miradita al arquero.
Si no se hubiera lesionado, ¿cree que merecería un cupo en la Selección, por encima de Saviola o Batistuta?
Eso es muy difícil de contestar. Cuando estaba pasando por un buen momento en Boca lo merecí y fui convocado. Nadie sabe qué hubiera pasado si no me hubiera lesionado, mucho menos si merecía un cupo en la Selección o no. Los que vayan que sean los mejores, que se adapten al sistema y se hagan matar por la camiseta.
Además de la albiceleste, ¿por cuál camiseta se haría matar Palermo?
Mi equipo del alma es Estudiantes de la Plata; ahí crecí, me hice y me formé. Aunque Boca tiene una gran parte de mi corazón, Estudiantes está por encima de todo.
¿Cuál es el mejor jugador de Colombia?
Óscar Córdoba es uno de los mejores, si no el mejor arquero del mundo; estuve con él en Boca y, además de ser un profesional en todo sentido, es una persona bárbara. Estaba demorando en llegar a Europa.
¿Y del mundo?
Me gusta Verón, no por argentino sino porque es el más completo, es un jugador que recupera, crea y tiene gol.
El gol de su vida…
El que más recuerdo fue el del clásico Boca–River en la Copa Libertadores. Yo venía de una larga lesión, entré faltando ocho minutos y anoté el gol sobre el final. Lloré mucho y cada vez que lo veía en la tele volvía a llorar.
Maradona en una palabra...
Dios.
Bianchi...
El mejor técnico del mundo.
Lorena...
¿Mi novia?… ¡grande!
El fútbol...
Mucho más que una pasión.
La Doce...
La hinchada más grande del mundo. ¡Te hincha los huevos!

FUERA DE LUGAR
¿Dónde? Vino al mundo en La Plata (Buenos Aires),
el 7 de noviembre de 1973.
¿Cuánto? 1.88 m. de estatura y 83 kilos.
¿Cuándo? A los 12 años jugaba en novena división de Estudiantes de la Plata. Debutó en primera a los 18 años, también en Estudiantes. Fue el mejor jugador de América en 1998. Lo vimos con la Selección Argentina en la Copa América de Paraguay, 1999.
Estadísticas totales:
218 partidos, 129 goles en primera, 0.59 de promedio.
Títulos: Campeón Torneo local (1998 y 1999),
Campeón Copa Libertadores (1999), Campeón
Intercontinental (1999)

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