Era un sábado por la noche y mi creativo asociado, Geoff Hayes, estaba viendo el programa de televisión The Honeymooners, muy popular en Estados Unidos, mientras garabateaba en una hoja una botella de Absolut. De pronto, le dio por ponerle una aureola en la parte de arriba y le pareció que lucía como un ángel sonriente. Así se le vino a la cabeza la frase: Absolut, el vodka perfecto. En ese momento no estábamos juntos, yo estaba en un restaurante, cenando langostinos con mi esposa.

Al día siguiente, Geoff me mostró su trabajo; me pareció muy bueno, pero le sugerí que acortáramos el eslogan y lo dejáramos en Absolut Perfección. Nos pareció que cuadraba más con la idea y el resto, como dice el dicho, ya es historia.

Tuve desde el principio una sensación extraña con esta campaña, siempre supe que iba a ser exitosa, puesto que era una gran idea, novedosa y sin fecha de vencimiento. Además, los clientes vieron nuestro trabajo y lo aprobaron de inmediato, algo muy extraño en este negocio. Ellos confiaban en nosotros, en la efectividad de la campaña que inventáramos. La marca quería crecer, pero al mismo tiempo quería seguir funcionando en su pequeña fábrica en Ahus, Suecia, así que nosotros teníamos que darle una mano, convirtiendo a Absolut en una marca de exportación, cosa que logramos.

Para convertir en anuncios la idea de la campaña contamos con un equipo de doscientas personas, entre directores y escritores, sin contar artistas, diseñadores, escultores y fotógrafos, todos personas divertidas que trabajaron durante casi dos décadas y que, sin, duda hicieron realidad la idea inicial de la publicidad: vender vodka de primera calidad gracias a publicidad de primera calidad. Y, para nosotros, nada más contundente que la botella estuviera presente de cualquier forma. Y, tengo que repetirlo, la libertad creativa que nos dio Absolut fue invaluable, digamos que el único límite era nuestro buen gusto para crear cosas nuevas.

Al frente de la campaña estuve exactamente diecisiete años, cuatro meses y once días, tiempo en el que Absolut se convirtió en parte de mí y yo me convertí en parte de Absolut, imposible desligarnos. En esa relación recíproca yo me esforcé por hacer la campaña más divertida, menos seria, y al final terminé yo convirtiéndome en una persona más divertida y menos formal.

A lo largo de mi carrera he trabajado en publicidad con Chivas Regal, Bombay Sapphire, Nivea, IBM, Carrier y Harrah's y aunque nunca los he contado, he creado más de cincuenta anuncios publicitarios y he colaborado en otros cien o más. Cuando comencé con Absolut trabajaba en una agencia llamada TBWA, en los años ochenta, hoy tengo mi propia compañía, llamada RL Ideas, con la que hago estrategias de mercadeo. Sin embargo, creo que todo empezó cuando apenas tenía once años, en el colegio, al escribir una historia que hizo reír a unos y llorar a otros. Me pareció curioso el efecto que causó en las personas, porque era la misma historia.

Hace ya un tiempo que desligué de Absolut, pero debo confesar que aún lo tomo. Me gusta mezclarlo con limonada o con un jugo de lima limón llamado Rose's. Es un vodka excelente, su sabor tiene clase, eso me gusta.

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