Para nadie es un secreto que mezclar mujeres con cerveza en la publicidad es una fórmula exitosa, algo que se ha venido haciendo desde la Segunda Guerra Mundial. Así que cuando digo que fui el creador de las Chicas Águila es porque yo tomé una idea que ya existía y la apliqué al producto.

La cerveza ya había sacado calendarios con mujeres. Recuerdo uno con Viena Ruiz, a finales de los ochenta, pero nadie les había dicho que Águila tenía que ser la cerveza bonita, la deseada, la "mamasota".

Para mí, la primera Chica Águila oficial fue Angie Cepeda, a comienzos de los noventa. Recuerdo que la campaña tenía de fondo una canción llamada Ella es la mujer y Angie salía bailando con un pareo de Águila y se lo quitaba. La campaña fue un éxito y estuvo mucho tiempo al aire. Con el tiempo, el consumidor comenzó a pedir una segunda Chica Águila, lo cual fue muy difícil, primero por el éxito de Angie y también porque en esa época ninguna mujer famosa quería ser imagen de una cerveza.

Decidimos, entonces, hacer una convocatoria a la que se presentaron unas trescientos mujeres. Como teníamos prohibido mostrar producto líquido al aire, escogimos a tres. "Color, cuerpo y sabor" era el eslogan de la campaña; una era el color, la otra el cuerpo, la otra el sabor y a cada una le pusimos un traje de baño estampado con apartes de la etiqueta de la cerveza. La idea volvió a ser exitosa.

Poco a poco, el concepto original se fue enriqueciendo, se le metió más dedicación y plata a la creación de los comerciales, a las locaciones (que generalmente eran playas muy bonitas), a las canciones y a los trajes de baño, contratamos a los mejores fotógrafos del exterior. Se alcanzó un nivel muy alto, donde las Chicas Águila eran casi una academia de modelaje, con mucho glamour, mucha altura.

Bavaria me daba la libertad para manejar el producto y yo la aprovechaba. Metía la mano en todo, desde componer las canciones, hasta estar en los castings, en las prueba de vestuario y en las sesiones de fotos y la filmación. Eran otras épocas, no sé si hoy haría lo mismo, aunque supongo que sí. De todas formas, Águila no era mi única cuenta; al mismo tiempo manejaba Nestlé, Ford y Unilever, entre otras empresas que requerían la misma dedicación. Afortunadamente, siempre estuve bien rodeado y de mi equipo recibí el apoyo necesario para sacar todo adelante.

Llevar a Boyacá a las Chicas Águila, donde se consume más cerveza en el país, pero no saben lo que es una playa, fue todo un acontecimiento, aunque nada se compara con lo que pasaba en el Carnaval de Barranquilla. Acaparábamos la atención más que la propia reina, nos montábamos en una tarima rodante, empezábamos a desfilar por toda la ciudad y la gente enloquecía.

Con Águila comencé en 1989 y la última vez que puse mis manos sobre las Chicas Águila —en el buen sentido de la palabra—, fue en 1999, con el comercial de "la isla del sabor, cuerpo y color". En total, fueron diez años donde generamos expectativa con cada nuevo comercial y causábamos sensación a donde llegábamos.

Hoy, ocho años después de haber abandonado la campaña, la sigo viendo bien, que va por buen camino. Me dolió cuando hace poco decidieron restarle fuerza a las Chicas Águila, que en su momento fueron casi un ícono nacional, pero me alegra que las hayan retomado con fuerza.

Este es un episodio rico de recordar por todo los sacrificios que tuvimos que hacer y pese a que la campaña nunca ganó ningún premio, sí se ganó el cariño y reconocimiento de todos los colombianos y eso, al final, es lo que importa.
 
 

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