Mi carrera como publicista se inició en 1977, en la desaparecida agencia Bellido, de Sevilla. España se hacía democrática y evitábamos a toda costa cualquier idea o diseño que remitiera a la recién culminada dictadura. Por eso, en 1979, cuando el Comité Organizador del Mundial España 82 abrió el concurso para crear la mascota, y me fue encomendada la tarea de pensar en una propuesta, resolví alejarme de estereotipos como el toro, el torero, la pandereta o el traje de flamenca. Un día, mirando los naranjales de la Plaza Nueva, frente a la calle General Polavieja, donde estaba la agencia, se me ocurrió que la mascota podía ser una naranja, fruta emblemática de la región andaluza y del Levante. Así, con la dibujante Lola Salto, surgió el primer esbozo del redondo y cítrico personaje de sonrisa amplia, mejillas coloradas, uniforme del seleccionado español y una ramita de naranjal por corona. Y cuál sería nuestra sorpresa cuando meses después, tomándonos unas cervezas en un bar, vimos a nuestro Naranjito en el noticiero: el Comité lo había elegido. La atención de los medios recayó inmediatamente en nosotros. Nadie se esperaba que el símbolo del Mundial de España fuera una naranja, y eso me hace pensar que fuimos unos adelantados a nuestro tiempo. Pero tal despliegue llegó también con fuertes críticas. Una periodista escribió, sin conocerme, que el creador de Naranjito tenía una mentalidad franquista. A uno podía gustarle o no el personaje, pero el caso es que se metieron directamente con nosotros y eso me dolió. Incluso hubo un comentario del creador de un célebre programa concurso según el cual Naranjito era una copia de uno de sus personajes que tenía forma de calabaza. Pero el único parecido entre ambas creaciones era su redondez, y era lógico porque eran frutas.

Nuestra intención era trabajar en la comercialización y mercadeo del personaje de la mano de la Federación Española, pero esa no era su idea. Al final, firmamos la cesión de derechos y, a cambio, nos pagaron un millón de pesetas que fueron divididas en tres partes entre la agencia, Lola y yo. Las 333.000 pesetas que me correspondieron equivalen hoy a unos 2.000 euros.

Y mientras tanto, la Federación negoció la explotación con una agencia inglesa que pagó 1.400 millones de pesetas y que obtuvo ganancias enormes con el personaje. De ahí en adelante, le perdí la pista. Nunca más tuve que ver con su manejo. De hecho me enteré de que habían hecho una serie animada con Naranjito y sus amigos solo cuando la vi por televisión. Poco antes del Mundial viajé a Bulgaria y quedé asombrado porque allí todo el mundo estaba usando ropas con la efigie de Naranjito. El fenómeno fue absoluto. Había muñecos a escala, libros, afiches y videoclips. Yo, de todo eso, apenas si conservo hoy una camiseta. Fue la Federación Andaluza, no la Española, la que me permitió disfrutar del Mundial con algunos pases de cortesía. Después de eso, seguí siendo José María. Trabajé como director comercial de varios medios de comunicación en Sevilla, tierra de la que nunca me he movido y donde todavía trabajo en publicidad en mi propia y pequeña agencia, Novopubli. Naranjito no me cambió la vida. Jamás me aproveché de él para captar clientes. Solo unos pocos amigos disfrutan contándole a la gente que conocen al creador del símbolo de toda una generación y me suelen llamar, como no podía ser de otra manera, 'Naranjito'.

Un cuarto de siglo después, es una alegría que siga siendo la mascota más recordada de los mundiales. Todas las mascotas de la historia me han gustado, y no sé por qué al león de Alemania 2006 le fue tan mal. Lo único que sé es que el perdurable cariño de la gente hacia Naranjito es la prueba máxima de que sus detractores estaban errados.

Un saludo para Colombia de un naranjito español que también presume de ser hispano. Siento agradecimiento por el cariño mostrado hacia esta mascota que solo pretende ser eso, una mascota para un evento deportivo.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.