Más que actor, yo soy publicista (creativo) y nunca dejaré de serlo. Tuve la fortuna de trabajar en la agencia Leo Burnett durante cuatro años de mi vida en los cuales aprendí que la publicidad superior se logra con un 99% de sudor y un 1% de inspiración. El autor intelectual de la idea "su dinero puede estar en el lugar equivocado" de Davivienda es el 'Pibe' Valderrama. Su precisión, su liderazgo, su elegancia, su clase, su pausa y su creatividad fueron para mí fuente de inspiración. Después de ver jugar al Pibe uno quedaba motivado, feliz, uno quedaba lleno de buenas ideas.
 

En 1993 empezamos con Fernando Escobar, del departamento gráfico, a trabajar en la campaña de Davivienda que sería lanzada en el Mundial de Estados Unidos 94. Era la época en que el 5-0 era importante (ahora el importante es el que nos metió Paraguay). La estrategia sobre la cual se trabajó era "Davivienda es el mejor lugar para tener su dinero", y lo primero que se nos ocurrió fue decir ¿cómo se siente la plata que no está en Davivienda, y eran todos los personajes de los billetes como Bolívar o Santander llorando, tristes, desamparados. Sí, bien, pero no pasaba nada extraordinario, no era un pase milimétrico de cincuenta metros como los que ponía, como con la mano, el Pibe. Así que le seguimos dando vueltas y vueltas a la idea, pero no pasaba nada. Nuestro director de grupo, William Michelly, nos recordaba todos los días las palabras del viejo Leo Burnett, otro crack de la creatividad, que decía "nuestra misión es crear publicidad superior, tan impactante, tan atrevida, tan fresca, tan envolvente, tan humana, tan creíble y tan bien enfocada en temas e ideas, que logre construir una reputación de calidad a largo plazo, y que a la vez produzca ventas en el presente inmediato". Al principio me sonaba como puro discurso de rector, pero con el tiempo fui asimilando la palabras y había algo que me llamaba la atención de la frase y era lo de la reputación a largo plazo. Ideas que perduren, que dejen huella, que marquen o quién no se sabe el jingle de La Fina o el mismo de la casita roja de Davivienda. Con eso en la cabeza y la presión de tener que entregar al otro día las ideas de la campaña seguimos pensando, le dimos vueltas y vueltas y nada, no salía nada sorprendente. A la una de la mañana le dije a Fernando que yo ya no podía más y me fui a tomar un trago, para despejarme un poco, a un bar de moda que se llamaba Harry's Cantina el cual, como siempre, vivía "teteado" (buena palabra). Y en un momento de la noche dije ¿yo qué hago acá, la música a tope, no podía hablar con nadie, no me podía mover, no me podía tomar el trago que tenía, sudaba como un caballo y, lo peor, tenía que sonreír porque era el sitio play. Me mamé y me fui. Al otro día le conté a Fernando sobre el lugar en el que había estado la noche anterior y ahí nació el lugar equivocado. De algo me tenía que servir mi problema con el alcohol. La primera idea que presentamos fue la de un mico en primer plano, la cámara abría y estaba en una jaula de leones y, la segunda, la de un guacal que descargan en una playa y sale un pingüino: simples y a la pepa. Juan Manuel Hernández, gerente general, y José Miguel Sokoloff, director creativo, nos dijeron que le faltaba mucho humor a la campaña. Los discípulos del viejo Leo tenían razón. Para que la idea fuera memorable a largo plazo había que meterle goce, mamadera de gallo y así fue que el cliente aprobó dos referencias para salir al aire en el mundial: la del tipo que sale del la ducha en un baño de mujeres, y la del cumpleaños del cura donde una bailarina sale de un ponqué.
 

Había una idea que me encantaba que nunca salió, que era un gol de Colombia a Argentina y los jugadores de Colombia celebraban uno encima del otro y, de repente, se les tiraba encima uno de Argentina que no aguantaba las ganas de celebrar, "en este momento su dinero puede estar en el lugar equivocado, tráigalo a Davivienda". Que hoy en día sea parte del léxico de todo un país y que la gente lo haya tomado como propio, es el resultado del trabajo de muchas personas. Gracias, Pibe, gracias Leo Burnett y gracias Davivienda por no dejarme morir a la niña (que no es porque sea mi hija, pero bonita sí me salió), y que ojalá viva muchos años más.

 

 

 
 

 
 

 

 

 

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