Parece imposible poder concentrarse en las oficinas de Curve ID, la empresa de Alberto Mantilla con sede en la calle 26 con avenida 11 en el barrio de Chelsea, corazón de la moda y el arte de Manhattan. Es inevitable no quedarse boquiabierto mirando a través de los enormes ventanales que tiene este loft en el piso 18. A la izquierda está la calma imponente del río Hudson. En el mismo edificio donde hace poco se mudaron las oficinas de Mantilla, también están las de algunas empresas que si carecen de algo es de anonimato: Hugo Boss, Martha Stewart y un estudio fotográfico de Ralph Lauren, entre muchos otros.

Pero Curve ID y Mint, las dos compañías hijas del bogotano, no tienen nada que envidiarles a sus reconocidos vecinos. Son, según los expertos en el tema, pioneras en el diseño industrial moderno. Obviamente no ocurrió de la noche a la mañana, y Mantilla lo cuenta con simpleza. Vestido con una camiseta blanca y un par de jeans, con mirada de niño perdido, nos habla sentado en la mesa de conferencias de su loft. Rodeado por sus creaciones que exhibe con orgullo.

Como todas las historias de éxito, esta comenzó con una apuesta al futuro, sin nada que perder. Después de graduarse de la Universidad Javeriana y haber fracasado en varios intentos de empresario en Bogotá (graciosos intentos como un almacén de ropa femenina de nombre Curvas Peligrosas), el joven Mantilla vendió su carro y arrancó rumbo al mal llamado sueño americano.

"Viví en Los Ángeles, buscando trabajo, con el problema de los papeles, gastando plata sin ganar nada. Entonces, me ofrecieron un trabajo parqueando carros para un restaurante japonés. Me acuerdo muy bien del nombre, Yamachiro. Ahí me cuadraba con las propinas que deban los ricos que comían, más que con el sueldo mismo", dice.

El fotógrafo hace sus indicaciones a Mantilla y a su socio, Anthony Baxter, para que posen al lado de uno de los tractores diseñados hace poco, que reemplazaría lo que en cualquier otra oficina es la mesa con el florero. Sus creaciones parecen divas del cine acosadas por los paparazzi. Para la muestra un botón. No todas las cunas de los colombianos reciben bombo de la revista Time. De hecho, solo una hasta el momento: la cuna de Mateo en 1997, heredero del imperio de Mantilla. Emocionado con el nacimiento de su primer hijo, Alberto le creó una cuna mecedora en madera cuyos manubrios son dos grandes sonrisas, que de acuerdo con Time alegrarían, incluso, al gran arquitecto Mies van der Rohe.

Por su parte, Karen Springer, de Newsweek utiliza los tractores de Mantilla como referencia y ejemplo en un artículo publicado en marzo de este año. Newsweek cuenta que los 'granjeros de hobby' están creciendo en los Estados Unidos. Uno de sus recomendados es el tractor 3203 de John Deere, que tienen carga vasos, asiento de cojín ajustable, radio con reproductor de CD incluido y hasta una cabina con aire acondicionado. Este espécimen diseñado por la empresa del bogotano cuesta la bobadita de 40 mil dólares y de acuerdo con la revista, tener uno de estos tractores brillantes y nuevos "se ha convertido para algunos en un símbolo de estatus, sin mencionar que le da palo a la podadora ordinaria".

Desde las ideas radicales hasta los accesorios, este tipo de detalles son los que le han dado un sinfín de premios a Curve ID y a Mint. La primera es la empresa exclusivamente de diseño industrial, la segunda es la creadora en todo sentido de artículos pensados para el hogar, desde saleros en forma de fantasmas abrazados hasta peceras en forma de gatos.

De hecho, el abrazo fantasmal del salero y el pimentero fue ganador del premio Idea de Plata en el 2003, otorgado por la Sociedad Americana de Diseñadores Industriales. Su destapador de plata fue una de las más aclamadas creaciones en la Bienal de Saint-Etienne, en Francia, 2004. El marranito alcancía se llevó la mención de honor el año pasado en el listado anual de diseño de ID Magazine en los Estados Unidos. Varias de estas ideas y otras más, como el mortero de porcelana blanca, hacen parte de la exposición permanente de diseño aplicado en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. De hecho, es insostenible sentir alegría patria cada vez que se topa uno con los fantasmitas o el mortero caminando por las tiendas de regalos del MOMA.

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Todo lo de Alberto Mantilla parece tener simetría. Sus dos empresas se originaron gracias a dos computadores CDRS (un programa inventado por la Ford exclusivamente para el diseño de automóviles), únicos en el mundo cuando él y su socio los utilizaron para independizar la compañía. "Dos máquinas extraordinarias y dos culicagados", dice riéndose.

Incluso, su vida personal tiene extraños detalles de exactitud y medición: sus dos hijos, Mateo de 10 años y Camila de 7, nacieron en la misma fecha y a la misma hora. Como si fuera poco, los mejores amigos de la infancia de Alberto en Bogotá fueron siete hermanos, los hermanos Duarte, todos hoy en día artistas o arquitectos. Además, fueron siete las instituciones educativas por las que pasó Mantilla de joven antes de poder terminar la secundaria. Fue la rebeldía de sus amistades la causante de la larga lista de colegios que rechazó a este verdadero innovador de sus salones de clase, ceguera de instituciones como el Agustiniano Norte y el Gimnasio de los Cerros.

Mantilla recuerda que la pasión por el dibujo y la creación la demostró desde chico. "Yo compraba los juguetes y los desbarataba con mis amigos para hacer modelos de carros. Además, los diseñábamos también usando tapas de crema dental. El crecer con ellos me influenció muchísimo", dice Mantilla con un poco de melancolía. Un sentimiento similar expresa al hablar del maestro colombiano Carlos Rojas, amigo de su familia, de quien aprendió más de un truco.

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Trabajan en la oficina; entre ellos se cuentan los nuevos palos de Lacrosse, creados para mayor eficiencia en este deporte una serie exclusiva de televisores para Sony, el perfeccionamiento continuo de sus cepillos para Colgate y, para cerrar con broche de oro, los relojes que Nike les solicitó para su próxima colección deportiva.

En una mesa cerca de la joven aprendiz está el casco de motociclista de Tony, el socio de Alberto. Sobre uno de sus tractores está la chaqueta de cuero. Resulta que ambos llegan al trabajo, más que todo durante el verano, en una Triumph Speed Triple o quizás en las dos Hondas Hawk que consiguieron en Chicago. Difícil creer que Mantilla conduzca diariamente desde Queens hasta Manhattan su motocicleta a toda velocidad. Sobre todo al conocerlo, con ese tono calmado al hablar y esa paciencia para todo. Ante mi sorpresa, simplemente se sonríe, rebuscando entre los archivos las imágenes de sus reconocimientos.

Mientras tanto, la ciudad palpita llena de las ideas de Mantilla. Los tractores que hace para John Deere pueden estar fácilmente cortando el césped del Grand Lawn en el Central Park, no muy lejos de sus oficinas. En el Upper West Side de la ciudad, un niño se lava los dientes en su casa con un cepillo de Superman, creado ergonómicamente para sus pequeños dientes, bajo la marca Colgate. En las tiendas de electrónicos que rodean Times Square, almacenes que prestan la función de droguería o tienda de electrodomésticos (dependiendo del cliente), se pueden encontrar los relojes despertadores Sony Dream por menos de 30 dólares. Y si se sigue caminado, se consigue Reaction, de Kenneth Cole, en cualquier perfumería, ya sea en las típicas tiendas piratas en Broadway con calle 28 o en las exclusivas de la Quinta Avenida.
La herencia de un colombiano en Nueva York.

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