Donatella tiene más, mucho más que cincuenta pero la prensa europea, que le sigue los pasos en son de respetuosa cacería, asegura que no llega a los cincuenta. Más, mucho más de cincuenta millones de dólares tiene en el banco la heredera del imperio Versace, pero el cuerpo no llega a ese quinto piso que parece empeñada en ocultar tras su larga cabellera. Tiene la piel llena de sol y la cabeza de ideas que han logrado mantener a flote la marca de Gianni, obligado por el destino en 1997 a cederle el poder a su hermana. De todas maneras lo hubiera hecho de buena gana, porque Gianni amaba a Donatella más que a su vida misma y a sus hombres.

La palabra de Donatella era para él una orden. Si ella vetaba un diseño, Gianni lo desechaba. Lo hacían así, en tácito acuerdo, desde que el diseñador se fue a Florencia buscando futuro y mantuvieron la costumbre cuando él, con más apellido que nombre, se mudó a Milán para tragarse al mundo. Donatella estudiaba literatura pero pasaba la vida en el taller de él, donde todo olía a ella. La metáfora se hizo noticia en 1997: Gianni lanzó el perfume Blonde, en honor a su hermana, quien desde los once años había decidido convertir su pelo negro en oro artificial, acuñando después una defensa verbal: “Rubia no es solo tener un color. Es una cuestión de gusto”.

De otras cosas ha tenido que defenserse: de los que dicen que la trasnochan los hombres forrados en músculos, de quienes aseguran que su figura no es tan larga y pulida como la revelan las fotografías oficiales, de los ecologistas que rechiflan hasta reventar cuando en sus desfiles los animales se convierten en accesorio de mujer y –¡hasta de eso!– de los paparazzi que gozan llenando tabloides con
fotos de ella en diminuto biquini y discreta celulitis.

Pero Donatella tiene cero tiempo y menos energía para preocuparse de tanto insecto. Se levanta a las 6:30 a.m., desayuna con Allegra y Daniel (sus hijos con el modelo Paul Beck) y pasa mañana tarde y casi noche decidiendo los destinos de las colecciones de alta costura, prêt-à-porter y de las líneas Versus, Istante y Jeans. Y charla con Madonna, y contesta llamadas de Jennifer López, y le da un par de consejos a Chelsea Clinton, y demanda al diseñador norteamericano Alfredo Versace por aquello del apellido, y firma cheques, y recibe cheques, y contesta preguntas de SoHo sobre su tema preferido, la moda. ¿O los hombres?

¿Hacia dónde va la moda masculina?
Lo único que puedo decir en ese sentido es que la colección de invierno de Versace combina estilos formales con cuero. Quiero fusionar la onda Harley-Davidson con la elegancia. Hay algo acerca de la combinación entre trajes con camisas de cuello alto y corbata, y la irreverencia del correcaminos que me seduce. Soy una convencida de que las pintas fáciles y deportivas se convierten en algo muy chic gracias a materiales lujosos. Por eso mismo, esta es una colección repleta de accesorios grandes, sacos, trajes bordados y chaquetas en denim y cuero de motociclista, algo que es simple y lujoso a la vez.

¿En qué está inspirada esa última colección?
En un nuevo prototipo de hombre. El de hoy es un injerto misterioso que debe mantener una cierta rudeza al tiempo que la combina con romanticismo. Si a esta faceta le sumas mi fascinación por lo gótico, creo que ahí está tu respuesta.

¿Qué colores seducirán a las mujeres esta temporada?
Varios. El azul en todos sus matices. El marrón y el café también podrían funcionar. Pinceladas de ciertos tonos en gris con rojo o el negro decorado con puntos de colores brillantes para las camisetas. Cada uno, a su manera, es una excelente herramienta de seducción para la temporada que viene.

¿Cómo se acomoda esta seducción de Versace a América Latina?
Las chaquetas de cuero siempre han sido y seguirán siendo muy bien recibidas en Latinoamérica. Yo pienso que el latinoamericano aprecia el corte y los detalles que se
encuentran en mis colecciones.

Esa ropa no es demasiado informal…
Para nada. El secreto de mi ropa está en que existe algo para cada quien. Esta temporada, por ejemplo, propuse una selección de maletas y bolsos de varias formas y tamaños que, creo, serán apreciadas por cualquier tipo de hombre. Maletas en cuero con inscripciones góticas de Versace sobre ellas para el tipo de hombre rock and roll, una maleta más conservadora en cuero para el hombre de negocios y una hecha totalmente en piel cepillada para el hombre que disfruta de los lujos. No se necesita pertenecer a ningún estereotipo para ser un hombre Versace.

Y entonces, ¿cómo es el hombre Versace?
El hombre Versace va más allá de la ropa, es carismático y seductor al mismo tiempo. Su estilo emana, refleja y proyecta seguridad interna. El hombre Versace seduce con su personalidad, actitud y con su estilo que, en mi opinión, viene de adentro. Es cierto que la ropa puede ayudar a expresar todo esto pero la verdadera personalidad es lo que se impone.

¿Qué detalles delatan a ese hombre?
Mi ropa es la selección del hombre que quiere ser visto y descubierto, explorado. En esta oportunidad no deja de haber ciertos detalles que llaman la atención. Si bien son los toques góticos y los tonos oscuros (como el negro, el café profundo y el gris) los que dominan la colección, siempre habrá un balance extravagante como los flecos. Flecos de colores en trajes cruzados y en chaquetas perforadas. Busco un look relajado y balanceado entre lo formal y lo irreverente.

¿Qué no puede faltar en el armario de un hombre?
Depende de la ocasión. Un traje de sastre es algo obligatorio y ciertos atuendos deportivos para el fin de semana, como un saco con capucha y unos jeans.

¿Y en la noche?
Para la noche, lana y cachemir combinados con seda y jaquards de lana decorados con bordados de plata pueden ayudar. Eso sí siempre hay que tener en mente que de nada sirve la ropa si no hay actitud.

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