No ha sido fácil convencerlo de que hable. American Graffiti lo posicionó como uno de los mejores directores de su generación en 1973, y el estreno de La guerra de las galaxias cambió la historia del cine en mayo de 1977. El mundo reconoce en él uno de los mejores directores de su generación, ese que produjo algunas de las películas más interesantes de Akira Kurosawa, Steven Spielberg y Francis Ford Coppola. No quiere que nadie mire por encima de su hombro. Está trabajando, unos meses antes de irse a Australia a filmar el tercer y último episodio de La guerra de las galaxias, en el guión de su segunda historia favorita, la del arqueólogo Indiana Jones –que ha reunido 620 millones de dólares en el mundo–, y no quiere que nadie lo interrumpa.

Nunca le han interesado los estudios de mercado ni las opiniones de los espectadores. Lucas siempre ha hecho lo que ha querido porque oyó su vocación en un hospital después de un accidente automovilístico que casi lo mata a los 17 años. Ya ha vuelto del Festival de Cannes, ya ha conversado con cientos de periódicos y noticieros de todo el mundo, ya ha conseguido que el segundo episodio de La guerra de las galaxias, El ataque de los clones, alcance la barrera de los 300 millones de dólares en la taquilla. Ahora quiere que no lo molesten más.

No es fácil encontrarlo. Es, aunque no lo parezca, un cineasta independiente que prefiere vivir a ir a fiestas de Hollywood y le gusta más estar con sus hijos que filmar todas las películas del mundo. Desde 1977 no dirigió una sola producción, dice, “porque quería construir la tecnología que me faltaba para contar mis historias, tenía una familia que sostener y unos niños a los que tenía que poner atención”, pero ahora, cuando ya se han hecho grandes, ha emprendido la tarea de contar la historia de cómo Darth Vader, el demonio de La guerra de las galaxias, se transformó en ese ser mitad hombre, mitad máquina que vino a traerle el mal a la galaxia. Señoras y Señores: ¡George Lucas!

Usted dijo alguna vez que dirigir La guerra de las galaxias demandaba demasiado esfuerzo. ¿Qué lo llevo a hacer los primeros tres episodios?
El convencimiento de que antes que una serie de partes, La guerra de las galaxias es una película de doce horas. Me interesa mucho que la gente la vea en orden y la posibilidad de reforzar con estos primeros tres episodios el argumento de los últimos capítulos hace que el esfuerzo valga la pena.
¿Qué es lo más divertido de dirigir historias de ficción?
Disfruto mucho la edición. Es muy divertido ver cómo los últimos avances me permiten pegar los trozos de mi imaginación. Ver que se pueden hacer escenas de aliens gigantes que conversan entre sí es un sueño hecho realidad.
Los críticos han cuestionado mucho el trasfondo religioso de los personajes de Star Wars. ¿Existe tal trasfondo?
Los personajes de las películas están basados en motivos mitológicos que llevan cientos de años rondando la historia humana. Los argumentos obedecen a historias que trascienden las religiones. El único trasfondo religioso es una referencia muy general a un ser superior. Curiosamente la crítica norteamericana siempre ha sido menos benévola con mi trabajo que la extranjera. Al parecer mis películas no les parecen lo suficientemente entretenidas, pero eso nunca ha afectado mi trabajo.
¿Cuál es su personaje favorito de La guerra de las galaxias?
Todos me encantan, pero si me viera obligado a escoger, tendría que decir que Yoda.
En El ataque de los clones, Yoda enfrenta a un enemigo en un combate de espadas. ¿Por qué no sale victorioso el maestro Jedi?
Lo más tentador de convertirse al mal es la seguridad de triunfar. Por eso, a pesar de resultar un guerrero de impresionante destreza física, al enfrentarse con la rabia y la angustia, el maestro Yoda debía ser vencido. Su derrota no es otra cosa que un acto de coherencia con ese mundo en el que el lado oscuro siempre será más fuerte.
En un planeta en el que el triunfo del lado oscuro trasciende las salas de cine, ¿una solución espiritual podría estar en la adopción de la filosofía Jedi?
Yo no creo. La filosofía Jedi es tan general que puede aplicarse al ejercicio de cualquier religión. Para la crisis siempre bastará creer en algo más grande que uno. Aparte de la tecnología.
El ataque de los clones se hizo con tecnología digital, ¿cree usted que el celuloide va a desaparecer?
No sé si vaya a reemplazar al celuloide, pero estoy seguro de que en los próximos años muchos proyectos van a realizarse con tecnología digital. Los costos son mucho más bajos.
En cuanto a la proyección ¿cuál es la diferencia entre los teatros normales y los que poseen tecnología digital?
No mucha. Si bien hay algunas mejorías en la reproducción del audio y el video, la verdadera ventaja radica en que con el tiempo la película en cinta se ensucia o se daña mientras que la digital no.
De haber existido la tecnología digital en el momento en que usted realizó las primeras tres partes de La guerra de las galaxias, ¿qué habría cambiado en esas cintas?
Nada. Las habría hecho muy similar solo que mucho más fácilmente. Siempre vi los capítulos cuatro, cinco y seis como están. Si la cosa cambió para los primeros tres episodios es porque estos nunca estuvieron pensados para películas. Eran una historia en la que yo me justificaba cosas como el origen de algunos personajes. Nunca pensé que existiera la tecnología para ir al centro de la galaxia o para meter a Yoda en una pelea con sables de luz.
En sus primeras semanas en las carteleras norteamericanas El ataque de los clones recaudó más de 300 millones de dólares. ¿Cuáles eran sus expectativas respecto de la taquilla?
Estoy muy complacido con los resultados obtenidos. Teniendo en cuenta que ésta es la quinta entrega de una saga de seis, está yéndonos mucho mejor de lo que esperábamos.
¿Piensa volver a trabajar con Francis Ford Coppola o Steven Spielberg?
Es muy posible. De hecho, actualmente estoy trabajando junto a Steven, estamos comenzando a escribir el guión para la próxima parte de Indiana Jones. En lo que a Francis respecta, tengo que terminar la última entrega de La guerra de las galaxias y después veremos.

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