Por Andrés Ramírez

Miles de edificios se construyen a diario, pero solo muy pocos resisten el paso del tiempo y se convierten en hitos representativos de una época. César Pelli es un arquitecto que pasará a la historia como uno de los que mejor han retratado en sus proyectos el espíritu del mundo actual. Mientras él trabaja junto a sus más de 60 colaboradores en su apacible oficina de New Haven, Connecticut, en países tan distantes y heterogéneos como España, China, Chile, Australia, Arabia Saudita o México, se están levantando los imponentes edificios que él ha diseñado desde su mesa de dibujo.

Pelli pertenece a un cerrado círculo de arquitectos a quienes se les encarga la construcción de megaproyectos con presupuestos insospechados que les da, de paso, el poder de definir el futuro de una ciudad, tal como sucedió en Bilbao, España, con los proyectos que él, Frank Ghery, Norman Foster y Santiago Calatrava construyeron casi simultáneamente. Si el museo de Ghery es un símbolo en Bilbao, las Torres Petronas de Pelli lo son en Kuala Lumpur.

Nació en 1926 en la provincia de Tucumán, Argentina, viajó a los 28 años a los Estados Unidos para trabajar en el afamado estudio del arquitecto Eero Saarinen, hasta que en 1977 fundó su propia oficina, César Pelli and Associates. La prolífica carrera que ha construido en estos años lo llevó a ser decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Yale y ganador de la medalla AIA (American Institute Architects), el máximo galardón de la arquitectura norteamericana.

Hoy, a sus 80 años, es reconocido como el arquitecto de los rascacielos. Proyectos como el World Financial Center de Nueva York —cuatro edificios que rodeaban las Torres Gemelas y que resistieron impasibles el ataque del 11 de septiembre— el Centro de Artes Dramáticas de Ohio y las Petronas, que fueron hasta hace tres años los edificios más altos del mundo, son algunas de las obras que lo han posicionado como uno de los íconos más representativos de la arquitectura contemporánea.

Su más reciente edificio abierto al público es el Centro Carnival de Artes Escénicas de Miami, una enorme estructura de líneas deconstructivistas que se ha convertido en poco tiempo en el nuevo ícono de la ciudad. Seguramente lo mismo sucederá en Santiago de Chile cuando se inaugure el Costanera Center, un rascacielos de acero y vidrio que será, gracias a sus 250 metros de altura, el más alto de Latinoamérica.

¿Cómo inicia el diseño de un proyecto? ¿Cómo se enfrenta al papel en blanco?

Comienzo todos mis proyectos visitando el terreno y sus alrededores. Además analizamos el programa de necesidades y tratamos de hablar con tantos futuros usuarios como sea posible. Al mismo tiempo hacemos un estudio de los códigos y ordenanzas que afectarán el diseño. Inmediatamente construimos una maqueta del terreno con todos los edificios circundantes y en ella colocamos un volumen aproximado del tamaño del futuro edificio. Lo que quiero es entender el problema lo mejor que pueda, así mi respuesta arquitectónica tendrá buenas bases, que es la única manera que tengo para que luego pueda aspirar a las nubes.

¿De dónde proviene su inspiración y cómo se ve reflejada en su trabajo?

Mi inspiración viene del problema mismo, del carácter del lugar, de sus vistas, orientación, clima y de la calidad de la luz. Además viene del propósito mismo del proyecto, incluyendo las aspiraciones y necesidades de quienes lo impulsan.

La arquitectura transmite sensaciones. ¿Cuál es el mensaje que envía en sus proyectos?

Todo lo que quiero comunicar es que mi edificio dé placer y que contribuya a hacer una mejor ciudad.

Las Torres Petronas son sus edificios más conocidos. ¿Cómo poder desligarse de ellos para continuar con otros proyectos?

Las Torres Petronas responden muy bien a su rol en Malasia. Esto es lo que espero de cada proyecto que diseño en otros lugares del mundo.

¿Qué implicaciones tiene diseñar en regiones tan apartadas como Estados Unidos y el Lejano Oriente al mismo tiempo?

Creo que para diseñar responsablemente en varias partes del mundo es necesario hacerlo con gran respeto por cada lugar y haciendo un esfuerzo por comprenderlo bien en todas sus dimensiones: clima, cultura, historia, etc.

Recientemente se inauguró el Centro Carnival de las Artes Escénicas de Miami. ¿Cuál fue el reto más importante que tuvo que superar para ver hecha realidad esta obra?

Estoy encantado con el resultado de la obra del Centro Escénico de Miami. El Teatro Sinfónico y la Ópera son dos grandes salas con una acústica maravillosa. El diseño de teatros presenta muchos retos, pero en este caso lo más crítico fue diseñar este par de edificios de modo que presenten un frente con entradas en cada una de las cuatro calles que lo circundan. De esta manera el edificio permitió la renovación de la zona al crear una plaza pública interna que se convirtió en el corazón del proyecto.

Bogotá acaba de recibir el León de Oro de la Bienal de Arquitectura de Venecia. ¿Conoce algo de la arquitectura colombiana? ¿Qué opinión le merece?

Los felicito. Deben estar muy orgullosos ustedes. Desgraciadamente no conozco Colombia. Es una pena.

¿Cómo es uno de sus días de trabajo?

Llego a mi estudio a eso de las nueve de la mañana, trabajo en varios proyectos, a veces tengo reuniones con clientes o asesores, almuerzo aquí mismo y me quedo hasta las seis de la tarde. Esta rutina se interrumpe con viajes y reuniones.

¿En qué está trabajando ahora?

Tenemos varios lindos proyectos en marcha. En New Haven tenemos una escuela secundaria dedicada a las artes (en construcción) y estamos comenzando el diseño para un laboratorio de biología para la Universidad de Yale. En Tulsa, Oklahoma, se está construyendo un Centro de Eventos para 18.000 personas; en Las Vegas, un hotel MGM de 4.500 habitaciones; en Qatar estamos diseñando un hospital-universidad; en Madrid, una torre de oficinas sobre el Paseo de la Castellana (en construcción); en México, una torre hotel sobre la Avenida de la Reforma, y en Buenos Aires, una torre para Repsol-YPF en Puerto Madero. Suficientes proyectos para mantenerme ocupado y divertido.

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