Si uno quisiera ser John Malkovich tendría que aceptar convertirse en un tipo más bien pequeño, calvo, medio feo, cuya estúpida cara solo la salva una mirada fuerte e inquietante. Malkovich pretende ser tranquilo y sencillo, pero es pretencioso y exasperante. Dicen que es inteligente, no lo creo. Bueno, no será tan cretino como un 'protagonista de novela', no tanto. Asistí a la rueda de prensa que daba en Roma para promocionar Ripley's game, la última película de Liliana Cavani, donde interpreta al famoso personaje de Patricia Highsmith. También habló de su estreno como director con la película The dancer upstairs (Pasos de baile) que ha presentado hasta ahora en festivales de cine como el de Venecia.
Si uno quisiera ser John Malkovich tendría que meterse en la piel de un tipo ya entrado en años, famoso y con un sólido prestigio como actor y hombre de cine. Su interpretación como el despiadado seductor de Relaciones peligrosas es inolvidable, pero no alcanza para elevarlo a la categoría de leyenda. Es un buen actor y veremos qué tal
director resulta aunque, después de haber visto The dancer upstairs, no apostaría mucho por eso. Tampoco tenía mucha ilusión con su rueda de prensa en Roma: las entrevistas con actores y deportistas son igual de áridas, ellos pueden repetir mil veces el mismo sonsonete. No importa cuán ingeniosa o estúpida sea una pregunta, el resultado casi siempre es el mismo. Malkovich estaba vestido de blanco, se rascaba la frente y miraba a los periodistas como si fuéramos un
enjambre de moscas. Y lo éramos.
-¿Cómo se sintió interpretando a Ripley?
-Bastante bien. Ripley es increíblemente moderno y diría que único. Liliana (Cavani) es muy buena en su trabajo, es una directora inteligente que sabe lo que quiere. Logramos entendernos rápido y el resultado me deja satisfecho.
La chica que había preguntado asintió, también parecía satisfecha. Pregunta y respuesta estúpidas, pregunta y respuesta tipo. Cien mil veces se había preguntado aquello para obtener esa respuesta. Futbolistas, azafatas y actores tenían cifrada esa respuesta en sus pequeños
cerebros. La que coordinaba la rueda de prensa me señaló.
-¿Cómo se sintió interpretando a Ripley?
Todos, incluido a Malkovich, me miraron
extrañados. La coordinadora me recordó que esa pregunta acababa de hacerse. Le dije que no me satisfacía la respuesta. Ella le habló a Malkovich en voz baja y éste sonrió y acercó la boca al micrófono:
-Bastante bien -dijo con su famosa sonrisa-.
Ripley es increíblemente moderno.
La risa en la sala fue unánime. La coordinadora me sugirió hacer otra pregunta. Volví a preguntar lo mismo recordándole a Malkovich que hacía una década él había
estado a punto de interpretar a Ripley.
-Es cierto -dijo cambiando la expresión-. Uno de mis socios quería comprar los derechos de El talentoso señor Ripley, pero al final el negocio se dañó. Leí en esa época toda la serie de Ripley, lo que más me impresiona de ese personaje es su capacidad de renacer una y otra vez. En el primer libro se sitúa el origen del personaje, allí se comporta de un cierto modo y tiene un particular carácter que luego se transforma hasta terminar siendo alguien muy distinto. Esto me parece muy real y extraño comparado con otras novelas, donde el personaje que se repite tiende a ser inalterable. Otra cosa intrigante de Ripley es que a pesar de hacer cosas horribles resulta encantador ya que no tiene plena conciencia de ellas, es sólo su manera de ser. Más que un alma atormentada, Ripley es alguien con una idea sofisticada de sí mismo.
Me mira esperando algún comentario, la
coordinadora señala a otro periodista.

Perdiendo el paso
Malkovich nació en Benton, Estados Unidos, en 1953. Sus compañeros de colegio dicen que, aparte de ser listo, siempre tuvo una exagerada opinión de sí mismo. Apenas terminó los estudios, ingresó en la famosa compañía teatral Steppenwolf Theatre. Entre 1976 y 1982 estuvo involucrado como actor y director en más de cincuenta producciones de esa compañía. Su estreno en Nueva York lo hizo con la pieza de Sam Shepard, Oeste verdadero (True west) que le valió el premio Obie. En el cine también ha tenido una fulgurante carrera, sin duda es de los actores más solicitados tanto dentro como fuera de los Estados Unidos. Fue nominado al Oscar como actor secundario en 1985 (Las estaciones del corazón, Robert Benton) y en 1994 (En la línea de fuego, Wolfgang Petersen). También ha producido películas de éxito como Un tropezón llamado amor (The accidental tourist). Esperé paciente mi turno, esta vez le pregunté sobre The dancer upstairs (la película está basada en la novela homónima de Nicholas Shakespeare cuya trama se desarrolla en el Perú de Sendero Luminoso)
-Hay algunos detalles fieles a la historia y otros que hemos inventado. La ambigüedad de la película es
voluntaria, quería contar los hechos como si fueran ficción. He leído textos escritos por la gente de Sendero Luminoso, pero no me interesa la ideología que contienen. No creo que los homicidios y las masacres sean la mejor forma de resolver la desigualdad social.
Oyendo la previsible cháchara de Malkovich
recordé el escándalo que había suscitado cuando aseguró que, de buena gana, mataría a George Galloway. Galloway, un escocés de 49 años, está considerado uno de los más temperamentales miembros del partido laborista. Las palabras de Malkovich fueron una respuesta a la posición antiisraelí de Galloway.
-¿Por qué Javier Bardem? -preguntó un
periodista español del otro lado de la sala.
-No hay un porqué -dijo Malkovich-. Había visto trabajos suyos y me parece un excelente actor, cuando tuve el guión pensé de inmediato en él.
En The dancer upstairs, Bardem interpreta a un abogado que abandona su profesión para lanzarse a la caza del líder terrorista Ezequiel. La película antes que ambigua resulta un tanto caricaturesca, una mirada torpe que no logra penetrar las terribles contradicciones detrás del conflicto peruano. Aunque tiene buenos momentos y Bardem no lo hace mal, la película acaba perdiendo el paso.

No siendo Malkovich
Mi tercer y último turno lo uso para preguntar qué otra
cosa le habría gustado ser a Malkovich. El se ríe y habla en voz baja con la Cavani y se rasca la frente.
-Un periodista -dice y ríe, y la Cavani ríe.
Me quedo esperando que profundice en la
respuesta pero él se hace el gracioso y habla sobre lo bueno que es el oficio del periodista. Sus compañeros de colegio tenían razón, Malkovich es listo y pretencioso, ha conseguido mucho sin ser un actor excepcional. Creo que si no hubiera tenido suerte como actor estaría vendiendo lavadoras o autos usados, pero tiene mucha suerte y un raro magnetismo. Se siente importante y sabe comunicarlo, quizá por eso Spike Jonze lo eligió como personaje y actor de su exitosa ópera prima Being John Malkovich (1999). La delirante comedia convirtió al actor, que se interpreta a sí mismo, en objeto de culto. Jonze ha dicho en más de una ocasión que pudo ser cualquier otro actor, pero le sonaba gracioso el apellido Malkovich. Por su parte Malkovich
dijo sobre esa película:
-Debo aclarar que mi personaje tiene poco que ver conmigo. La verdad es que yo tampoco tengo mucho que ver con Malkovich, y no soy el único que lo piensa: me he pasado la vida aclarando a transeúntes que no protagonicé Atrapado sin salida y tampoco Amadeus. Incluso me han confundido con Bambi. A veces he pensado que sólo juego a ser John Malkovich.
Antes de abandonar la sala de prensa saluda a
todos con un gesto y enseguida besa a la Cavani en ambas mejillas. Se aleja caminando a saltitos, justo como lo hacen los hombres que no están conformes con su estatura. Viéndolo sacudirse el trasero uno puede estar seguro de que ese no es John Malkovich.

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