Para tener ese gusto no hay que ser invitados. Basta llamar y cuadrar una fecha y un menú. No hay carta: está en la mente de cada uno. Solo hay que imaginarse un plato, un antojo o una receta por exótica que sea, y pedirle al viejo Naum, un argentino cálido con aires de Hemingway (pelo y barba blancos y ojos azul marino), que le conceda su deseo. Él consultará su biblioteca de recetas, entre la que hay libros de cocinas tan desconocidas para nosotros como la rumana, le dirá que sus deseos son órdenes y a lo mexicano añadirá: mi casa es su casa.
No le pregunte a Naum por su restaurante pues le contestará: "No, restaurante no, es nuestra casa y la suya". ¿Por qué? Porque puede comer donde le plazca. Frente a la chimenea, en los jardines, en una mesa del solar entre objetos de jinetes gauchos, recostado en un sofá junto a la cámara de cine que guardó Naum de sus años como cineasta y publicista o en la cómoda mesa de la cocina mientras ellos le preparan ñoquis, calamares rellenos o un jugoso bife en las parrillas argentinas que también venden. Lo mejor es que no habrá otros comensales contra quien competir por ganarse el consentimiento de los anfitriones, pues cuando hablamos de reserva, es reserva total. La única mesa que atienden es la de aquellos que hicieron esa llamada mágica que los transportará a este lugar de película italiana, en el que el sol brilla como en los veranos de la Toscana y varios perros Colie se asolean en el patio.
Para los que les gusta la intimidad, la música suave, la comida y la bebida de calidad. Para los que quieren descrestar a su pareja con algo distinto, único, exclusivo y distinguido y hasta pedir su mano de una forma original. Para los que quieren tener un nido de amor en donde puedan ocultarse con ese romance prohibido sin ser vistos. Para los que quieren una reunión de trabajo con toda la comodidad y la privacidad necesarias para cerrar negocios sin que se filtre la noticia. Para los que quieren invitar a sus amigos a un ambiente casero sin tener que vérselas después con los trastos sucios o para los que simplemente quieren mudarse por un día de casa y sentirse tan bien servidos como cuando iban a donde la abuela, allá están María Leonor y Naum esperando para consentirlos como nunca nadie lo ha hecho.

Casa del buen comer
Platos: alrededor de $25.000
Tel.: 676 39 25/310 255 89 35
Km 14, a mano izquierda en la carrera séptima, central del norte vía a Chía, casa La Loma.

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