Tras haber cerrado la puerta de su casa, la esposa de Roland Orzabal se percató de que había dejado a su gato por fuera. Dado que era tarde en la noche y que debía llegar a visitar a su padre en el hospital, ella, en lugar de abrir la puerta, decidió gritarle a su marido desde el corredor “hey, Roland: Tomcat’s screamming outside” (el gato está gritando afuera).

Sin siquiera haber abierto la puerta, el ex Tears for Fears supo automáticamente que había encontrado el título que andaba buscando para bautizar su nuevo trabajo musical: nada más acercado al sonido salvaje y experimental de su nuevo álbum que la imagen de un gato macho gritando de frío a orillas de una oscura noche europea.

A diferencia de hace unos años el ‘aristogato’ del pop ya no quiere mandar el mundo. Atrás quedaron las lágrimas; atrás las preocupaciones de ventas y las presiones de los estudios y los grandes sellos; atrás los miedos.

Si bien el ritmo de vida que llevaba Roland Orzabal, y la incertidumbre de no tener un manager o el apoyo de una disquera, le arrebataron su vida en un momento determinado, la sola posibilidad de grabar en la Cocina de Neptuno (estudio de grabación perteneciente a Roland y, de hecho, ubicado en la parte trasera de su casa) le recordó a Orzabal que los gatos no tienen una sino nueve vidas. A él aún le quedan por lo menos siete. “Fue difícil. Por supuesto que fue muy difícil. Durante un par de años fue como estar a la deriva. Era como una situación voluntaria de desempleo. Sin embargo, el hecho de saber que hice este álbum por mí mismo en mi estudio y con mi propio dinero hace que de algún modo todo haya valido la pena”.

Durante su exilio voluntario de cuatro años el sabor de la independencia lo sedujo. No sólo hizo Tomcat’s Screaming Outside bajo contrato con la disquera independiente Eaglerock Records, sino que al hacerlo Roland volvió a tirar los dados por el sólo placer de estar jugando bajo sus propias reglas.

Geografía del exilio

Aun cuando los gatos no hibernan, Tomcat’s es el ejemplo perfecto de por qué deberían. Tras no haber tenido otro contacto con la música diferente a la producción de Emiliana Torrini para Island, el instinto felino de Orzabal lo ha traído de vuelta para gritarle desde afuera a ese mundo que le había cerrado la puerta.

Esta vez, sin embargo, los tejados del mundo van a verse invadidos por un maullido distinto.

A pesar de mantener elementos característicos de sus viejas andanzas, el nuevo grito de Roland es diferente, melancólico y desgarrador. Tortuosamente amable. Un alarido exquisitamente elaborado que de la mano de la tecnología tiende mucho más a los trabajos recientes de bandas como Deep Forest que a éxitos como Shout u otros fantasmas del pasado.

“Yo sé que no puedo desligarme de mi pasado. Se qué en Colombia —cuando estuve de paso en el 96— y en algunos países de Europa que acabo de visitar durante la gira promocional para Tomcat’s, la gente me recuerda como el ex Tears for Fears y no como Roland Orzabal. Creo que de hecho nadie sabe quién es ese tal Orzabal”.

Ahora, dice, “si bien sé que no puedo, ni tampoco quiero, desligarme de mi pasado, igual creo firmemente que este es el primer álbum en 20 años en el cual no estoy obsesionado con él; el resultado ha sido cuando menos interesante. Creo que en tanto que he llegado al momento más estable de mi vida, las letras y la música han dejado de ocuparse de mis catástrofes interiores desplazándose a una percepción de ese mundo en el que estoy inmerso”.

Así se refiere Orzabal a ese gran caos en el que convergen siete u ocho realidades al mismo tiempo. Ese planeta extraño en el que un niño pobre devuelve 10 millones de pesos mientras que Tito paga 20 millones de dólares para visitar el espacio. Ese mismo en el que las primeras planas de los informativos oscilan entre una bomba en Cali y los implantes de silicona de Pamela Anderson. “Es como ir cambiando de canales por un televisor de pantalla gigante: en un solo instante se pasa tranquilamente de un desfile con modelos anoréxicas semidesnudas a una manifestación estudiantil en Tailandia; de un gol de chilena marcado en Camerún a una foto del Papa con los anteojos negros de una estrella de rock”.

Y es que, por muchas ganas que tenga de ser gato, Orzabal sabe que es una estrella de rock como tal y que tiene el deber de apelar a la música para transmitir ese vértigo informativo que deja en él la pesca de canales en la que se ha convertido su realidad externa.

“Esa realidad externa, esa pantalla gigante, es la que se refleja en mi nueva música. Es una realidad saturada y fragmentada que ya no baila al ritmo Tears for Fears sino al compás del techno. El drum y el trip hop son mucho más que una nueva música, son una latitud, una circunstancia...”

Al regresar, Orzabal pretende llegar a todos y cada uno de los lugares de emisión de esos siete canales. Colombia por supuesto no podría ser la excepción.

“...tengo grandes recuerdos de Colombia. Aun cuando cuadrar el sonido fue una verdadera pesadilla, la respuesta de la gente fue completamente increíble. Definitivamente me encantaría poder volver a tocar allá en un futuro cercano”.

De cualquier modo, Orzabal y su inconfundible voz parecen tener muy claro por qué van en contra de volver a lo básico como nueva tendencia de la música.

“Para mí las tendencias musicales del momento siempre han sido irrelevantes. Cada uno debe hacer lo que quiera. En el caso particular de U2, pienso que ellos habían perdido su norte y al exagerar la experimentación su trabajo pop salió horrible. Ahora, que a ellos les haya funcionado no quiere decir necesariamente que ese sea el rumbo hacia donde se dirige la música sino más bien que no había mucha competencia allá afuera.

“Además, en casos como el mío es completamente imposible hablar de un regreso a lo básico. Cuando yo arranqué en este negocio, lo hice con un sonido que giraba en torno al sintetizador: de alguna manera, regresar a lo electrónico y a lo asistido por computador, podría equivaler a volver a mi origen. De cualquier forma, ¿quién demonios puede hablar de origen cuando se trata de la música mate?”

Rock and Roll’s almost dead

“El rock and roll no sólo ha dejado de ser una cultura sino que ya no es industria en crecimiento. Los chicos de hoy en día no compran discos sino estilos de vida. No compran música sino productos y mientras eso no cambie, cada vez habrá menos oportunidades para que surjan artistas capaces de innovar y de explorar nuevos terrenos: menos bandas como Coldplay y menos trabajos tan brillantes desde el punto de vista musical como Music de Madonna…”

Al igual que a Madonna, la música es lo que interesa a Roland. Él sabe que Tomcat’s probablemente no venderá mayor cosa y no le importa. Consciente del riesgo tomado, Orzabal ha decidido aventurarse y cambiar lo que podría ser un comercial lamento de despedida por un rugido fresco, osado y diferente.

“Esta vez he decidido llevar mi sonido un paso más allá y he optado por algo un poco más agresivo. Quiero que al oír mi música la gente se dé cuenta de que ando en algo menos obvio que en otras ocasiones”.

Tomcat’s, sin embargo, es algo más que una ocasión. A fin de cuentas, se trata del maullido de una estrella de rock, del lamento de un gato cansado de estar afuera a orillas de una noche Europea. Se abre la puerta...

Profesión solista

Si bien en la mayoría de los casos un integrante de una banda no logra superar en solitario lo que hizo con el grupo, SoHo trae cinco excepciones a la regla:

Lennon: No contento con haber liderado la agrupación más famosa de todos los tiempos, tras abandonar el cuarteto de Liverpool en 1970, John sorprendió al planeta con temas como Imagine (Sept. 9 de 1971). Antes de su asesinato en 1980 el working class dejó más de diez álbumes hechos en solitario.

STING: Tras abandonar a The Police en 1984 el éxito de Sting ha sido abrumador. Con trabajos que van desde Soul Cages (1991) hasta Brand New Day (1999) el inglés se ha ganado más de cinco premios Gra-mmy en las categorías de mejor interpretación masculina, mejor trabajo pop y mejor composición.

CERATI: Si bien ya había hecho trabajos paralelos cuando lideraba Soda Stéreo como Colores Santos junto a Daniel Melero(1992) o Amor Amarillo (1993), temas como puente o paseo inmoral incluidos en el recientemente lanzado Bocanada (1999) consagraron el genio musical del argentino como solista.

PETER GABRIEL: La vida post Genesis sorprendió a Peter Gabriel con cuatro premios Grammy y el dinero suficiente para la creación de su propio sello disquero de música étnica Real World. La colombiana Toto La Momposina es una de los artistas internacionales que han grabado bajo el sello de Gabriel.

Zach de la Rocha: Con cierta incertidumbre frente a si su reemplazo será el ex frontman de SoundGarden y figura del Grounge Chris Cornel o el vocalista de Cypress Hill, los rebeldes seguidores de Rage Against the Machine se preparan ansiosamente para el debut de Zac de la Rocha como solista., Me encantaría volver a tocar en Colombia en un futuro cercano,

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