El Kalais es un barco en cuya cubierta no hay ningún marinero y mucho menos un capitán. Si usted busca bien por sus compartimentos y bodegas no va a encontrar una seña de vida humana. Ninguna. ¿La razón? El barco fue hundido hace unos años para crear un arrecife artificial cerca al muelle Reina Sofía, en la Islas Canarias de España.

Por eso, en sus pasillos y corredores, no es raro ver pasar barracudas, sierras, gallo azul y catalufas, entre los cientos de peces que habitan este navío; todo un espectáculo marino —como tantos en otros océanos— al que muchos buzos no podían acceder simplemente porque el carguero se encuentra a casi 45 metros de profundidad, y las distancias de inmersión permitidas a los buzos no daban para tanto (un buceador con la licencia de Open Water Diver sólo puede llegar, en cualquier parte del mundo, hasta 20 metros debajo del agua, y los buzos recreativos tienen permiso hasta los 40).

Y es que de allí para abajo —además de ser el hábitat de especies más grandes como el tiburón martillo, rayas y meros— el mar era hasta hace algunos meses propiedad exclusiva de los buzos profesionales que hacen trabajos industriales, militares o científicos. Ellos eran los únicos que podían descender por debajo de la barrera casi mítica de los 40 metros.

Sin embargo, desde hace unos meses todo cambió. Gracias a un programa recientemente creado por la mayor asociación profesional de buceo en el mundo, PADI (por su sigla en inglés), los buzos recreativos podrán no sólo reforzar sus conocimientos sino que accederán a lugares y distancias donde antes les estaba prohibido llegar. Uno de ellos será el Kalais en Las Canarias.

Desde luego, bucear a esta profundidad se logra después de tomar un entrenamiento denominado TecRec. Dividido en tres fases (discover, apprentice, deep), este curso busca desarrollar destrezas y conocimientos que le proporcionan al buzo las facilidades para sortear cualquier situación debajo de los 40 metros en el agua. El curso es dirigido por expertos que instruyen a los buceadores recreativos en la parte técnica y, en especial, en aire enriquecido y cómo mezclar gases, vital para los descensos en el mar a esas profundidades.

El TecRec califica al buceador para hacer inmersiones con cambios de gas; inmersiones con paradas de descompresión e inmersiones de descompresión acelerada, utilizando aire, aire enriquecido y oxígeno, descendiendo hasta profundidades de 50 metros con equipo de buceo técnico, que además del equipo básico (máscara, traje, aletas, tanque, pesos), incluye chaleco especial para colgar botellas con otras mezclas de gases como el helio o el argón que le servirán para poder bajar más.

Además de disfrutar de una manera segura descendiendo un poco más dentro del mar, con el buceo técnico recreativo se trata de descubrir y disfrutar otro tipo de fauna y flora marina, visitando relieves distintos como cavernas, rocas y pendientes abisales.

Nada más seductor que esos lugares. Uno de ellos es Malpelo, un islote en el Pacífico colombiano con paredes de cuatro mil metros, que quizás es el único sitio en el mundo para bucear rodeado de cardumen de tiburón martillo. Una dimensión que también puede vivir y practicar en la riviera maya de México, la barrera coralina en Australia, Las islas del Pacífico Sur y por qué no, el Mar Rojo, que con su visibilidad de 200 metros lo hará sentir como todo un pez en el agua.

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