Decididamente, el samoano es un idioma hermoso, al menos para escucharlo. El cariñoso saludo de David Brand (quiere decir hola) me supo a gloria. Llevaba casi dos meses tratando sin éxito de dar con alguien que trabajase para la Federación de Samoa Americana (ASFA) y me pudiese ayudar a contactar con Nicki Salapu, el portero más goleado en la historia del fútbol internacional. ¡Y mira que ya ha llovido desde aquel Escocia-Inglaterra de 1872! Tenía previsto volar a Pago-Pago al día siguiente y sacar la lupa de Sherlock Holmes para dar con el paradero de mi hombre, así que el contacto con el nuevo mánager del fútbol en las dos Samoas me llegó como anillo al dedo. "Pero, ¿para qué quieres venir a Samoa? Desde el punto de vista futbolístico esto es un solar, por eso me ha mandado aquí la Fifa. Vas a perder el tiempo y, lo que es peor, mucho dinero, porque el viaje es bastante caro. Respecto a Salapu, lo hemos perdido de vista. Creemos que ya no está en la isla. No me extraña, el pobre tiene que estar quemado de tantos goles que le han hecho. Ahora estamos viendo a quién ponemos de portero, y no resulta fácil convencer a alguien para que ocupe ese puesto en la selección".

Samoa Oriental es un pequeño paraíso terrenal situado a mitad de camino entre las islas Hawái y Nueva Zelanda, bajo bandera de los Estados Unidos desde 1951. Apenas siete islotes plantados justo donde el tiempo se confunde con el espacio, rodeados de una interminable masa de agua color verde esmeralda.

Un lugar en ninguna parte que ostenta el dudoso honor de acoger en su seno el fútbol más precario de todo el planeta. Sin una mísera competición local que llevarse a la boca y con el número de practicantes más bajo del mundo, parece hasta lógico que la Samoa 'yanqui' ocupe el último puesto en el ranking de selecciones nacionales que elabora mensualmente la Fifa. Cuando alguien te suelta semejante retahíla refiriéndose al llamado deporte rey, tiendes a no dar crédito a sus palabras. Por eso, me subí a aquel avión rumbo a la isla de Tutuila, en pleno corazón de la Polinesia. Tenía que comprobar in situ esa desoladora realidad que reflejan las frías estadísticas del órgano que rige los destinos del balompié planetario.

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David Brand ya estaba esperándome con su 4x4 a la salida de la rústica terminal aérea de Pago-Pago cuando puse pie en tierra. El sofocante calor que me recibió fue el primer síntoma de 'anormalidad' que percibí en un lugar en el que los chavales vuelven de clase con una pelota ovalada bajo el brazo. De la redonda, ni rastro. "Esto no es Europa ni Sudamérica, donde te encuentras por todas partes a niños jugando al fútbol en terrenos improvisados. Aquí el único deporte que se sigue y se practica de verdad es el football americano. Lo demás, incluyendo el fútbol, no existe", comentaba este fervoroso hincha del Manchester United mientras nos dirigíamos a Pago Park, sede de la flamante academia inaugurada hace ahora un año (19 de octubre de 2005) bajo los auspicios del llamado 'Proyecto Gol', creado por la Fifa para apoyar y fomentar el desarrollo del fútbol en los escasos países del globo terráqueo en los que camina a rebufo de otros deportes con mayor tirón popular. 

Una veintena de niños trataban con bastante torpeza de elevar el balón medio metro del césped, como si aún se encontraran sumidos en plena fase iniciática. Cuando pregunté a mi tocayo a qué hora se entrenaban los mayores, su irónica sonrisa me dio la respuesta antes de que emergiera de sus labios. "A ninguna. ¿Para qué? Si no hay ningún club federado ni tampoco una liga en la cual disputar los partidos. Ese es el mayor drama de este país. No hay cimientos y tampoco existe una cultura de trabajar en grupo, por eso hemos tenido que empezar de cero. Estos de aquí son los primeros chicos que hemos captado y, como puedes ver, no saben ni hacer jueguitos con la pelota".

Ante tan desolador panorama, empieza a no resultar extraño que desde que decidiera unirse a la gran familia del fútbol, hace ahora ocho años, todo haya sido desgracias para este minúsculo archipiélago de apenas 63.000 habitantes. Fue el gobernador Togiola Tulafono quien tuvo la 'brillante' idea de armar una selección de fútbol en una nación en la que nadie sabe quiénes son David Beckham o Maradona, por citar dos ejemplos ilustres. "¿Cómo van a saberlo si aquí solo puedes coger la televisión neozelandesa o la de Fiji? En esos lugares el rugby es el deporte que manda, así que casi no dan nada de fútbol", me explica resignado Brand, para quien la mayor paradoja de Samoa Americana es que "este es el único lugar en el mundo en el que existen unas instalaciones nuevas deseando ser estrenadas, pero falta quien las utilice".

Como no podía ser de otro modo, la primera aparición a nivel internacional del combinado samoano, la fase de clasificación para el Mundial de Corea y Japón, fue de lo más sonada: jugó cuatro partidos y encajó 57 goles. Ni qué decir de su ataque, pues fue incapaz de hacer blanco en la meta contraria.El segundo de los encuentros que disputó, frente a Australia, se hizo un hueco en los anales de la historia del balompié luego de los 31 tantos que el ínfimo equipo polinesio recibió de parte de los 'socceroos'. Una goleada sin precedentes en los 140 años de duelos internacionales que dejó casi en una anécdota el 22-0 que los mismos protagonistas habían conseguido 48 horas antes en su debut del torneo, jugado en abril de 2001 en la localidad australiana de Coffs Harbour, frente a la selección de Tonga.

La impresionante paliza dejó para la posteridad y también para el libro 'Guinness' de los récords a dos personajes. El primero fue el delantero australiano Archie Thompson, autor de 13 de los tantos convertidos por el rodillo 'aussie'. El otro fue Nicki Salapu, entonces un joven aprendiz de portero que vivió la peor de las pesadillas para un futbolista.Pero el meta samoano no fue, lejos de lo que uno puede llegar a pensar tras un resultado de esa magnitud, el peor jugador de su equipo. "Salapu no pudo hacer nada. Incluso hizo dos o tres paradas bastante buenas, pero estaba vendido porque sus compañeros eran malísimos. Parecía un equipo formado por chavales de patio de colegio. De no ser por él, estoy seguro de que Australia habría ganado por una diferencia aún mayor", comenta Michael Cockerill, jefe de Deportes del 'Sydney Morning Herald' y testigo directo del espectacular correctivo sufrido por el irrisorio once polinesio.Los goles comenzaron a subir el marcador como churros (el promedio fue de uno cada 3,5 minutos) hasta el punto de que, mediada la segunda mitad, el colegiado tahitiano perdió hasta la cuenta, de modo que al final del choque había dudas de si el resultado era de 31 o de 32-0.

Dado que localizar al pobre Salapu era una misión imposible, mi mentor en aquella tierra bañada por un sol perpetuo y jalonada de idílicas playas me propuso ir al encuentro de Tunoa Lui, el hombre que guiaba los designios de la selección durante su fatídica puesta de largo. Dedicado de lleno a su pequeño negocio de lanchas que cruzan pasajeros de Tutuila a la vecina isla de Aunu'u, Lui aceptó de buen grado departir sobre su dramática experiencia y los singulares pormenores que la rodearon. El primero de ellos, según sus propias palabras, fue el no haber podido contar con buena parte de sus jugadores por no tener el pasaporte en regla. "Cuando llegamos al aeropuerto, diez de los jugadores que había reunido dos semanas antes para preparar el torneo no tenían la documentación en regla para viajar a otro país. Como las autoridades americanas son muy estrictas en este tipo de cosas, se quedaron en tierra. Con lo que tuve que reclutar a la desesperada a varios jugadores de fútbol que sí tenían pasaporte". Ante mi gesto de estupor, el ex técnico añadió más leña al fuego tratando de hacer entendible lo incomprensible. "Quizás suene a broma en países como España o Colombia, con tanta tradición en el fútbol, pero la mayoría de aquellos chicos que jugaron contra Australia no había disputado un partido oficial en su vida. Además, ni siquiera acostumbran a jugar con guayos. Recuerdo que nada más llegar a Australia, tuvimos que ir a un centro comercial para comprarles calzado deportivo". Encomendarse a los santos fue la única táctica que se le ocurrió a Lui para tratar de evitar lo irremediable y no convertirse en el hazmerreír del mundo entero. "Me pasé todo el segundo tiempo rezando. Pensaba que Dios nos iba a ayudar para que nos metiesen menos goles que a Tonga, pero desgraciadamente la ayuda 'divina' no funcionó".

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David Brand, mi anfitrión, es el actual responsable del equipo nacional, entre otras funciones. Pese a que el trabajo de campo es su fuerte, el técnico inglés aún no ha podido estrenarse en el banquillo samoano. El motivo: nadie quiere jugar contra una selección 'fantasma'. "Es verdad. Samoa no ha jugado un partido en más de dos años, y sin esa motivación los jugadores no le encuentran sentido a venir a prepararse. Es una cuestión de mentalidad. No se dan cuenta de que para mejorar hay que entrenarse asiduamente. No te engañaba cuando te decía por teléfono que el fútbol aquí está aún en el neolítico". La última aparición internacional del combinado polinesio, en la fase preliminar del Mundial 2006, 'consolidó' su posición como la peor selección del planeta fútbol.En su debut, el equipo samoano se llevó un 10-0 de Papúa Nueva-Guinea y Fiji le endosó a renglón seguido otros once. La suerte del equipo 'mejoró' frente a Vanuatu, al que logró marcar un gol (9-1), el primero en competiciones oficiales. Su participación en el torneo clasificatorio para la Copa del Mundo germana concluyó con un discreto 4-0 ante sus vecinos de la otra Samoa.

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El doloroso presente del balompié samoano y de su selección llegó a tocar la fibra sensible de la Fifa, que durante el último año y medio ha duplicado sus esfuerzos para tratar de organizar de un modo racional el fútbol en la diminuta nación polinesia, con el objeto de mejorar sus prestaciones en el futuro. "Nuestros esfuerzos van, sobre todo, encaminados a captar nuevos valores y a enseñarles a jugar desde la base, como viste antes en la academia. No hay otro camino, porque en Samoa Americana el fútbol no tiene presente. Nunca lo hubo, de hecho. Está todo por hacer", sentencia este afable sajón mientras nos encaminamos al colegio 'Leone Midkiff', donde se está disputando un partido correspondiente al Campeonato de las Escuelas de Enseñanza Básica, que organiza la ASFA y en el que participan 44 equipos de todos los centros de Tutuila, con más de mil niños y niñas. "Esto que ves aquí es el verdadero pilar del fútbol en Samoa. Este torneo de colegios es la única competición que existe en todo el país. Su creación ha sido mi única alegría de verdad en el año y medio que llevo aquí, porque nos va a permitir hacer una primera selección de chicos y chicas para integrar los equipos nacionales en categorías inferiores por primera vez en la historia del país". Es el primer paso hacia un futuro esperanzador. Manuia (adiós).

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