Porque sí. Así de claro. Porque ese 'porque sí' es la razón única para un verdadero hincha. O si no todos seríamos del Real Madrid o esta tarde del Arsenal, que le acaba de ganar 1-0.
Yo podría decir que soy hincha de Nacional apelando a lo obvio, las cifras, que, por lo demás, son contundentes. El verde tiene más estrellas, ocho; una Copa Libertadores, dos Merconorte y dos Interamericanas. Pero no es por eso que soy hincha de Nacional. Lo soy porque tuve la fortuna de tener un tío que me llevaba al estadio Atanasio Girardot a la tribuna lateral, por donde veía muy cerquita salir a la cancha a Tito Gómez, la 'Chancha' Fernández, Teófilo Campaz, Víctor Campaz, Maturana, Lóndero, Eduardo Retat, Palavecino, al 'Alemán' Moncada, al 'Comanche' Salgado, Eduardo Santa y mi ídolo máximo: Raúl Navarro. Por esos días, sin ESPN ni Fox Sports, estos, y los que salían en la revista El Gráfico, eran los astros del fútbol, y los míos se vestían de verde y blanco. El tema en esos lejanos setentas no era de títulos, Medellín tenía dos y Nacional uno, pero desde entonces a mí me ha tocado ver a mi equipo salir campeón once veces. ¿Cuántas vueltas olímpicas ha visto un hincha de 41 años del DIM? Pero no es por eso que soy hincha de Nacional.
Soy hincha de Nacional porque de niño quería ser arquero (no portero). Y no cualquier arquero. Quería ser de Nacional como Raúl Navarro. ¡Cómo volaba! ¡Qué salidas suicidas a los pies de los delanteros! Por las tardes en el patio de mi casa me pasaba horas pateando contra una pared y tapando los 'taponazos', tirándome en 'voladora', atajando penaltis, cortando centros, sacando balones del ángulo, armando contragolpes, como Raúl Navarro. Se me iban los días volando de palo a palo. O mejor, de piedra a piedra. O de piedra a vidrio. Sí, me hacían algunos goles, pero casi todos en fuera de lugar.
También soy hincha de Nacional por César Cueto, el poeta de la zurda. Por esos días sin televisión satelital, para ver fútbol había que ir al estadio y para que se justificaran tantos miércoles y domingos en una tribuna se necesitaba alguien como Cueto, y claro, Cueto era de Nacional. Lo que hacía con el balón era pura magia, un Maradona peruano vestido de verde y blanco.
La tribuna es otra poderosa razón para ser de Nacional, porque las barras verdes son las mejores del país. ¿Por qué? Porque sí, porque son las que me han hecho gritar, cantar, madrear y sufrir. Porque solo con hinchas desconocidos de Nacional me he sorprendido abrazado en una tribuna. Veeeeeeeeeeeeeeeeerde, Veeeeeeeeeeeeeeeeeerde, árbitro hijuep., roja, juez, roja, péguele péguele, goooooooooooooooooooool, todo eso solo en una tribuna verde. A los otros partidos voy en plan de analista futbolístico de tribuna.
Podría decir que soy hincha de Nacional por muchas cosas más, porque con Oswaldo Zubeldía entendimos que el fútbol era más complejo de lo que creíamos, o porque fue el primer equipo colombiano que le ganó a uno brasileño en Brasil (3-2 a Cruzeiro en 1975), o porque una tarde lluviosa vimos cómo le ganaba 2-0 al galáctico Cosmos de esos días, con Beckenbauer incluido y un baile inolvidable del 'Chumi' Castañeda a Mariño. O porque Nacional, con Maturana de técnico, fue la base para la mejor época del fútbol colombiano a nivel mundial. Por sus jugadores: Cueto, Herrera, La Rosa, Zapuca, Santín, Tréllez, Alexis, Higuita -mucho René para Nacional-, Usurriaga, Leonel, Perea, Chonto, Asprilla, Chicho, Aristizábal y, claro, Andrés Escobar.
Nacional es el equipo con más hinchas en Colombia, el que más títulos internacionales tiene, pero no es por nada de eso que soy hincha de Nacional. La razón más poderosa sigue siendo la misma. Porque sí. Porque tengo un tío que es hincha de Nacional -y no de Medellín- que me llevó por primera vez a un estadio y mi primer grito de gol fue de Nacional. Y ese grito no se olvida.

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