Debo reconocer que el estilo de Sinar no me gusta. No me gusta ni en sus artículos de Gatopardo, ni en su artículo sobre un naciente y próspero mundillo literario caraqueño, que no son más que simples publireportajes, ni en sus perfiles. Tampoco me gusta su prosa rimbombante y barroca.
 
No puedo estar a favor o en contra de lo que dice el señor Sinar acerca de la sociedad colombiana, porque soy venezolana y llevo viviendo poco menos de dos años en Bogotá. Tampoco puedo hablar de la “arenosa” o “amarillenta” Barranquilla porque no la conozco, así como tampoco conozco muchos otros lugares de los cuales opina el periodista. Sin embargo, me parece de muy mal gusto, criticar por criticar.
 
Creo que además el análisis sobre Bogotá y sobre Colombia, en general, carece de datos, de cifras concretas y la conclusión acerca de que Colombia está prácticamente en su fase final, es bastante arriesgada.
 
Así mismo, pienso que es preferible vivir en Bogotá que trabajar en la redacción de Panorama, diario maracucho afín a todos los gobiernos de turno con una redacción poco académica. Maracaibo, que es de donde es el periodista en cuestión, es una ciudad con gente hermosa y amable indiscutiblemente, pero es también una sociedad de castas, como dice Sinar. Es una ciudad de castas y de apellidos. Así como Caracas, donde el maravilloso escritor venezolano, Francisco Herrera Luque, en su libro Los Amos del Valle, sin necesidad de utilizar un lenguaje rebuscado, sino con su prosa simple y franca, detalla con absoluta claridad la sociedad de castas caraqueña, en la que se erigió la ciudad. Caracas es también una ciudad de apellidos. Déjeme decirle señor Sinar, que así es Latinoamérica y así funciona el mundo.
 
En Bogotá. el señor Sinar no tiene que levantarse y tratar de llegar a tiempo al trabajo. ¿O es que ya se le olvidaron los trancones infernales que tiene que aguantarse en Caracas para llegar al ruidoso y estruendoso barrio de El Silencio? ¿Y qué me dice de la destreza que debe desarrollar para escabullirse de los vendedores ambulantes que han inundado la ciudad con sus puestos y sombrillas de colores, en especial las calles de esta zona de Caracas, para poder llegar al diario donde usted trabajaba?

Debo decirle, o más bien recordarle, que gracias a este país, y en particular a esta ciudad, usted señor Sinar puede vivir cómodamente en un lindo y tranquilo barrio de Bogotá, con un clima otoñal, escribir esas líneas hiperbólicas y onomatopéyicas, y además tener la suerte de que se las publiquen en revistas reconocidas.

Lo único que debo agradecerle señor Sinar es que ahora los periodistas y el ciudadano común, tenemos una forma de ocupar nuestro tiempo ocioso: esperar a que vuelvan a salir sus artículos para dedicarnos a rebatir y contestar a todas sus frases hiperbólicas y a sus barrabasadas.



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