Dicen que cuando uno pierde a su pareja lo llaman viudo y si pierde a sus padres lo llaman huérfano, pero cuando pierde a un hijo, no tiene nombre. Adolfo Reyes y su esposa, María Antonieta, perdieron a su hija de 26 años, en un accidente de tránsito. Era un domingo a las siete de la mañana cuando un bus se le atravesó al carro en el que Ana María iba. De eso hace diez años, y solo hasta hoy lograron reponerse del todo y tomar la decisión de cremar su cuerpo. A quienes no han perdido un hijo esto les puede parecer una exageración. Es por eso que, después de oír una conferencia del doctor Vianchi -director de la Fundación Renacer de Argentina-, esta pareja y otras cuatro más que perdieron a sus hijos decidieron constituir Lazos. Se trata de una fundación colombiana que no tiene ningún tipo de orientación religiosa, social o política. Sus servicios son gratuitos y está dividido en grupos en donde la gente puede hablar abiertamente de la pérdida de su hijo, sin que lo tilden de monotemático o exagerado. Su esencia es ayudar a procesar los duelos para no apresarlos. Este año Lazos cumple diez años de ponerle la cara a la muerte y los celebrará con una conferencia sobre logoterapia (el sentido de la vida a partir del dolor) y un gran encuentro nacional el 15 y el 16 de octubre. Los interesados pueden llamar a los teléfonos 2537233 y 2712748.

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