Tiene 27 años, es ingeniero industrial y ahora está haciendo una maestría en historia. Le encanta leer los clásicos de la literatura y cualquier artículo cuyo contenido tenga la justa medida de inteligencia y humor. Le gustan tanto los números que para su tesis de grado decidió sumárselos a las letras, en un modelo que, aplicado apasionadamente, puede convertir cualquier publicación en una verdadera empresa. Y eso es lo que ha logrado, paso a paso, César López desde hace seis años como director de El Clavo, una revista caleña que ya ha ganado dos veces el premio nacional de periodismo universitario. Pero no lo ha hecho solo: un equipo de quince personas —todas de diferentes carreras y universidades— lo ha ayudado a construir lo que hoy es una realidad: un espacio de expresión estudiantil libre de adhesiones políticas, sociales, culturales y, lo más notable, de mecenas. De todas formas no ha sido fácil para él, más cuando algunos periodistas le tiran duro por el hecho de nunca haber estudiado periodismo. Pero eso poco parece importarle y a nosotros en SoHo, tampoco; mientras este tipo de propuestas honestas sigan apareciendo, el gremio de la libertad de expresión siempre estará dispuesto a darles la bienvenida.

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