Todos los cuerpos de Margarita Mejía
Dos años de búsqueda y 432 disparos para elegir 15 piezas en las que el cuerpo femenino es presencia más que objeto. El secreto: conocer la historia personal de cada una de las mujeres que accedieron a ser parte de su obra. Bajo esta premisa vital trabaja Margarita Mejía, profesora y coordinadora de la Casa de Fotografía de la Universidad Externado (pronto maestra en Artes Plásticas), que participa con cuerpos sensibles en Fotografía contemporánea, muestra organizada por Fotomuseo. Quince imágenes en movimiento con el color del hierro candente para ver en paneles de setenta centímetros por un metro. Todo un golpe al ojo que se exhibe en la plaza de la calle 97 con carrera 15 en Bogotá, con el material de otras tres fotógrafas colombianas.
Fotografía: Margarita Mejia © 2004

Juglar vallenato
A partir de los setenta, la moda en el vallenato era que uno tocaba el acordeón y otro cantaba. Eibar Rafael Gutiérrez, un vallenatero de treinta años, que antes de dedicarse de lleno a la música estudió arquitectura y se especializó en restauración, decidió volver a la tradición del acordeonero que también canta. Y fue así como en 1999 quedó de virrey en el Festival de la Leyenda Vallenata e impresionó a la Cacica. Luego grabó su primer disco, Eterno abril, y más adelante vino un segundo álbum, Más caribe. El corrillo hizo que lo invitaran a tocar en FIU (Florida International University) y en la fiesta de la colombianidad en Nueva York. La cosa venía desde muchachito, porque su papá fue un reconocido músico de la región, al lado del Turco Gil (que hoy en día dirige la academia de Los niños del Vallenato, los mismos que le cantaron a Clinton), pero Eibar solo vive de la música, ahora que está lanzando su tercer disco, Juglar urbano, y que acaba de firmar con Universal. Y, lo mejor: nunca habla de fusión. Una recomendación: oiga su canción Enamorado de la vida y verá por que este tipo es infalible. ¡Bendición vallenata!
Fotografía: poto © 2004

¿Cómo es el maní?
Esta es la dueña de Cacahuette, una de las tiendas más chic del momento. Caleña y muy glamurosa. Se llama Luz María Varona. Estudió idiomas. Empezó en el mundo de la moda vendiendo ropa aquí y allá y luego fundó el primer Cacahuette en Cali, hace ya quince años. Es la representante en Colombia de marcas tan finas como Roberto Cavalli, Blumarine, Moschino, Paciotti e Iceberg, entre otras importantes casas de diseño italianas. Le tocó luchar y empezar de ceros para abrirse campo en este negocio tan competido, pero pronto empezó a moverse como pez en el agua, al punto de instalarse en Milán hace ya casi una década. Viene a Colombia dos veces al año. Se queda por temporadas a ver cómo va el maní y lo cierto es que el maní va muy bien: hace tres años abrió su primera tienda en Bogotá, en la 15 con 106. En Cacahuette no existe ese aire excesivamente pomposo que da la impresión de que la moda es solo para gente demasiado refinada, pero es fácilmente uno de los lugares más exclusivos para hacer shopping.
Fotografía: Ricardo Pinzón © 2004

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