Fueron tres los episodios que iniciaron a Juan Carlos Matiz en el mundo automovilístico: el hecho de que cuando cursaba segundo de primaria siempre prefiriera acompañar a su padre a la Ferretería Belga en vez de sacar buenas notas, el consecuente ofrecimiento por parte de su padre de construirle un kart si pasaba a tercero sin mayores problemas y que en una exhibición de Boogies Off Road, uno de los pilotos haya saltado encima de él para caer perfectamente sobre sus cuatro ruedas. Años después, al salir del colegio, decidió estudiar Ingeniería Mecánica. La carrera no lo convenció del todo y prefirió seguir con Diseño Industrial. Ahí se dio cuenta de que los carros eran lo suyo y la tecnología también. Por eso se entiende que quiera popularizar el automovilismo de una manera completa: a través de un programa universitario donde los aficionados a este deporte diseñen y construyan karts y carros con tecnología nacional y no se queden solamente en la conducción. Juan Carlos, con toda la autoridad que le da el hecho de haber sido piloto durante tres años, haber administrado varias pistas y haber sido monitor ejecutivo de Juan Pablo Montoya, sabe que ya es hora de impulsar el auge del automovilismo en Colombia. Y mientras logra eso con su Fórmula Universitaria seguirá atento de la Fórmula Uno y de la Nascar y admirando a su mayor inspiración, Sir Jack Draham, un neozelandés que ha sido el único en la historia de la Gran Carpa en ganar un campeonato mundial tras construir él mismo su propio carro de carreras.

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