Si a usted le proponen que dedique su vida a estudiar los procesos atómicos en fusión nuclear, ¿aceptaría? A los 21 años era ingeniero civil y decidió que su futuro estaba dentro del mundo de la física. Su cumpleaños 25 llegó con un doctorado en Física Atómica de la Universidad de Louisiana bajo el brazo. En 1982, la Comisión Fulbright, que promulga la unión de los pueblos a través de la educación y que es considerada como una de las más prestigiosas del planeta, vio el talento de Botero y le otorgó una beca para adelantar sus estudios de Física. Durante cuatro años, su perfil de científico se pulió al lado de grandes maestros como Chris Green, uno de los padres de la física atómica y molecular y con una beca posdoctoral se fue para Alemania a conocer más sobre el tema. Cuando regresó al país en 2002 se convirtió en viceministro de Educación. El año pasado de nuevo sintió que la academia lo llamaba y ahora encabeza la oficina de Desarrollo Institucional de la Escuela de Ingeniería. Llámelo genio, come libros o ratón de biblioteca, el punto es que Javier Botero es uno de los científicos más importantes que tiene el país y, como él mismo lo afirma, no está lejano el día en que un colombiano se pueda ganar un Premio Nobel de Física. Que así sea.

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